
20 de marzo: Pablo Pizzurno, el forjador de las bases de la educación primaria argentina
Diario Bonaerense
Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1865 y a los 17 años se recibió de maestro. Comenzó a dictar clases en el departamento de Aplicación de la Escuela Normal de Profesores (hoy, Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas N°2 "Mariano Acosta") y en 1884 fue nombrado director de una escuela del barrio de Balvanera.
Al año siguiente fue incorporado al plantel docente del Colegio Nacional (actual Colegio Nacional de Buenos Aires) y con solo 20 años creó la cátedra de Pedagogía en la Escuela Gratuita de Subprefectos y Ayudantes. Empezó a destacarse rápidamente como conferencista y redactor de folletos y notas sobre educación. En 1889 fue enviado por el Consejo Nacional de Educación a la Exposición Internacional de París. Durante ese viaje estudió las técnicas educativas de Inglaterra, España, Bélgica, Suiza y Alemania, conclusiones que plasmó a su vuelta en informes fundamentales para la reforma del sistema local.
Innovación pedagógica y el rol del trabajo manual
En 1893 fundó, junto a Alfredo Ferreira, la revista La Nueva Escuela, desde donde influyeron para generar cambios radicales. Pizzurno le otorgaba una importancia relevante al trabajo manual, la educación física, la música y las excursiones como método integral de formación. En alianza con Enrique Romero Brest, logró que se instituyera la Educación Física dentro de la currícula escolar, aunque inicialmente se denominó “Ejercicios físicos y militares”.
Fue una época de intensa disputa pedagógica. Las discusiones rondaban sobre el mecanismo del lenguaje, la importancia de la lectura silenciosa y la enseñanza “paso a paso”. Pizzurno publicó "El libro del escolar" y despejó el panorama: situó a la lectura como la herramienta que permitía manifestar la comprensión, postulando que se podía lograr desde el primer grado inferior.
El Informe Pizzurno y la vinculación con el trabajo
En 1902 presentó el célebre Informe Pizzurno al Ministerio de Instrucción Pública, donde recopiló los métodos de estudio del país y propuso una reforma global. Introdujo el concepto de vinculación práctica entre educación y trabajo. En un discurso de 1906, instó a los maestros a servir a la patria no con "frases enfáticas", sino con la acción diaria que "hace andar las máquinas de la industria y civiliza las masas con la educación".
Su labor administrativa fue vasta: fue interventor de escuelas normales en el interior del país e Inspector Técnico General de la Enseñanza. Nunca dejó de escribir, dejando obras de consulta obligatoria como Consejos a los maestros (1906), La educación común en Buenos Aires (1910) y el recordado libro de lectura Pininos (1922).
Su legado marcó gran parte del futuro de la educación argentina del siglo XX, buscando siempre conjugar el saber académico con la vida práctica y social.
Salú Pizzurno! Por tu perseverancia en la discusión pedagógica, por tu búsqueda permanente de argumentos y por tu preocupación en conjugar la educación con la vida práctica.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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