
2 de junio: Día del Bombero Voluntario, una historia de filantropía, solidaridad vecinal y abnegación
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 1884, se fundó el Cuerpo de Bomberos Voluntarios del barrio de La Boca como respuesta colectiva a la gran cantidad de incendios que arrasaban las casillas de madera y zinc donde vivían miles de trabajadores y trabajadoras, inmigrantes en su gran mayoría. Por esa razón se conmemora en la Argentina el Día del Bombero Voluntario.
El punto de partida fue un gran incendio ocurrido en el barrio a principios de ese año que devoró varios conventillos y que pudo ser apagado con el denodado esfuerzo de los vecinos —convocados por la familia Liberti—, quienes llenaban baldes con agua del río, armaban una cadena humana y echaban el agua sobre el fuego. Fue así que el genovés Tomás Liberti, junto a su hijo Orestes y un grupo de compatriotas —Lázaro Paglieti, Andrés Benvenutto, José Ragoza, Ángel Descalzo, Luis Paolinelli, Santiago Ferro, Romeo Scotti y Esteban Denegri—, tomaron la decisión de convocar a una asamblea de vecinos para conformar una organización que enfrentara esos estragos. La invitación proclamaba:
”Ciudadanos: una chispa podría desarrollar un voraz incendio que reduciría a cenizas nuestras habitaciones de madera. Tenemos necesidad de una Sociedad de Bomberos que en los momentos de peligro salven nuestros bienes y a nuestras familias. Con tal motivo invitamos a la reunión que tendrá lugar el domingo p.v. a las 3 p.m. en el ateneo Iris. ¡Conciudadanos! La idea iniciada por pocos tiene necesidad de todos vosotros y de vuestro válido apoyo, y tendremos el orgullo de haber constituido una Asociación filantrópica. El domingo entonces, en el ateneo Iris, que nadie falte”.
Liberti era un vecino conocido en el barrio porque producía licores y soda, y fue el impulsor de las bebidas gaseosas sin alcohol con su marca Naranjín Liberti. Ese domingo, los vecinos concurrieron en gran número al teatro Iris, propiedad del dirigente radical Rufino Pastor, ubicado en Almirante Brown al 1300. Allí se constituyó por aclamación la Sociedad Italiana de Bomberos Voluntarios de La Boca, se aprobaron los estatutos y se eligió a su primer presidente: Tomás Liberti. Su primera sede estuvo ubicada en la calle Necochea, entre Aráoz de Lamadrid y Pedro de Mendoza, en cuya entrada habían colgado un cartel escrito en genovés que decía: “Volere è Potere” (Querer es poder).
El bautismo de fuego ocurrió el 14 de noviembre de 1885, cuando sofocaron un feroz incendio en la fábrica de velas M. Renner y Cía., en el contiguo barrio de Barracas. Luego de esa destacada acción, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires les donó dos bombas a vapor que fueron bautizadas con los nombres de “José Fernández” (entonces diputado nacional) y “Argentina”. A principios de 1886 tuvieron otra actuación sobresaliente junto a los bomberos de la Policía Federal en el enorme incendio de los depósitos aduaneros fiscales de “Las Catalinas”.
No obstante, de manera sorpresiva, el 9 de noviembre de 1889 el presidente de la Nación, Miguel Juárez Celman, dictó un decreto por el cual se prohibía al cuerpo de Bomberos Voluntarios de La Boca concurrir a los incendios y otros siniestros. Esa insólita resolución presidencial rigió hasta septiembre de 1890, cuando el nuevo mandatario, Carlos Pellegrini, la derogó.
El 15 de junio de 1900 se inauguraron las nuevas instalaciones en Brandsen 567, entre Palos y Martín Rodríguez, producto de lo recaudado en rifas, kermeses y donaciones individuales e institucionales. Aquello fue el puntapié inicial para un ciclo continuo de renovación del material rodante, mecanismos contra incendios y herramientas, lo que les permitió intervenir con eficiencia en siniestros, catástrofes, inundaciones y epidemias. A su vez, Orestes Liberti fue reconocido como el primer Bombero Voluntario de la Argentina y designado primer comandante del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de La Boca.
El ejemplo cundió con rapidez y se fundaron nuevos cuarteles de bomberos voluntarios en Avellaneda, Ensenada, Lomas de Zamora, San Fernando, Tigre e Ingeniero White. Más tarde se incorporaron Comodoro Rivadavia, Ushuaia, Villa Gobernador Gálvez, Bell Ville, Río Cuarto, Pilar, Pehuajó, Colón, Esperanza, Alta Gracia, Villa Unión (La Rioja), Villa Regina, Venado Tuerto, Puerto Madryn, General Pico y San Pedro de Jujuy, entre muchos otros puntos del país.
El 1º de febrero de 1954 se creó la Federación Argentina de Asociaciones de Bomberos Voluntarios y a los pocos meses se realizó en Lanús el primer Congreso, con la participación de más de 100 asociaciones. Hoy, el Consejo de Federaciones de Bomberos Voluntarios de la República Argentina reúne a más de 1000 asociaciones que se despliegan en casi todo nuestro mapa, integradas por 36.000 hombres y 7000 mujeres.
El peligro y el dolor conviven a diario con los bomberos voluntarios y, a veces, también forman parte de las víctimas. Como aquel 21 de enero de 1994, cuando sucedió la “Tragedia de los bomberitos” en Puerto Madryn: 25 niños bomberos de entre 11 y 15 años intervinieron en un incendio de campos y fueron consumidos por las llamas. O el 11 de septiembre de 2001, durante los atentados a las Torres Gemelas, cuando el argentino Sergio Villanueva (quien trabajaba en el Cuerpo de Bomberos de Nueva York) ayudó a sus camaradas fuera de su horario laboral y perdió la vida al desplomarse la segunda torre. O el 5 de febrero de 2014, cuando se produjo el incendio en la empresa de archivos Iron Mountain, en Barracas, y el colapso de las paredes por el calor causó la muerte de 10 bomberos voluntarios, de la Policía Federal y personal de la Dirección General de Defensa Civil de la Ciudad de Buenos Aires.
En el 80 % de nuestros pueblos y ciudades se encuentran esos cuarteles con escudos donde se destacan cascos, picos, hachas, escaleras, cintas argentinas y llamas de las más variadas formas. Adentro están esos hombres y mujeres que son una mezcla de voluntad contra la adversidad, experiencia extrema, servicio voluntario profesional y desinteresado, desafío permanente con los límites y atracción por derrotar a uno de los elementos liminares del origen de la vida.
¡Salud, bombero y bombera voluntaria! Por estar en esos momentos en que todo es vacío, pérdida y sinrazón; por su coraje sin pedir nada a cambio; por su presencia que invita a la solidaridad del barrio; por su integridad para ayudar cuando no hay lógica y los sentidos pierden su poder. Nunca sabremos por qué alguien querría ser bombero, pero siempre nos tranquilizará saber que existen y que estarán en esos instantes en que uno se queda atónito, sin respuestas.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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