
17 de junio: Martín Miguel de Güemes, el protector de la frontera norte y líder de la epopeya gaucha
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 1821, moría Martín Miguel Juan de Mata Güemes Montero de Goyechea y la Corte, militar patriota y político argentino que dirigió la lucha en la frontera norte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Su acción contuvo a las fuerzas realistas en innumerables ocasiones, lo que permitió mantener la integridad territorial y el ideal de emancipación nacional.
Nació en 1785 en la ciudad de Salta. Fue hijo de Gabriel de Güemes Montero, ministro tesorero de las Reales Cajas de la Intendencia de Salta, y de María Magdalena de Goyechea y la Corte, una mujer jujeña de ascendencia española y portuguesa. Cursó sus primeros años en la escuela pública y con maestros particulares como José León Cabezón, José Antonio Pinto y el franciscano Pantaleón Benítez. Combinaba sus estudios con el aprendizaje de las tareas del campo en la finca familiar “La Despensa”, ubicada en Campo Santo, Salta. A su vez, se enroló tempranamente como cadete en el Regimiento Fijo de Infantería, que tenía su asentamiento en Buenos Aires pero contaba con un batallón apostado en Salta.
En 1804 partió hacia Buenos Aires, ingresó en el Real Colegio de San Carlos (hoy Colegio Nacional de Buenos Aires) y continuó allí su carrera militar. En 1806 se incorporó al Primer Escuadrón de Húsares al mando de Juan Martín de Pueyrredón y, durante las primeras invasiones inglesas, participó activamente de la Reconquista de Buenos Aires. Santiago de Liniers lo nombró su edecán y teniente de los granaderos de su escolta; en esa condición, comandó el histórico abordaje a caballo del barco inglés Justine, que estaba encallado en el Río de la Plata y se aprestaba a bombardear la ciudad. Luego de esa audaz acción fue ascendido a teniente de milicia. En 1807 combatió en la defensa de la ciudad durante las segundas invasiones inglesas. En 1808 pidió una licencia que le fue concedida por tiempo ilimitado, ya que el clima de Buenos Aires afectaba sus vías respiratorias y, además, había fallecido su padre. Retornó a Salta y estuvo registrado en la guarnición local como cadete del Regimiento de Infantería y teniente del Cuerpo de Granaderos de Liniers.
Con el estallido de la Revolución de Mayo se alistó en las fuerzas patriotas e integró el Ejército del Norte (Ejército Auxiliar del Perú). Su primera tarea consistió en custodiar la Quebrada de Humahuaca y los valles de Tarija y Lípez. Formó la Partida de Observación con sus gauchos, diseminó las proclamas de la Primera Junta, interceptó las comunicaciones entre los contrarrevolucionarios y los españoles, y preparó minuciosamente el terreno para la llegada del ejército patriota. Por su exitosa labor, fue ascendido al grado de capitán.
El 7 de noviembre de 1810 tuvo lugar la batalla de Suipacha. Güemes, al mando de la vanguardia, atacó sorpresivamente al campamento español, que huyó hacia el norte. Fue la única victoria patriota en el Alto Perú, la cual se vio empañada por el desacuerdo entre Güemes —quien sostenía la necesidad de una persecución inmediata para lograr la derrota total de los realistas— y Juan José Castelli y Antonio González Balcarce, quienes impusieron la orden de no avanzar y negociar con el enemigo. Posteriormente, las tropas de Salta y Tarija fueron disueltas e incorporadas al ejército de línea, y Martín Miguel de Güemes fue separado de su tropa y obligado a regresar a Salta en condición de civil.
En junio de 1811, la Junta Grande repuso a Güemes en el Ejército del Norte. Su primera acción fue auxiliar a las tropas derrotadas en Huaqui y luego ayudar a las fuerzas al mando de Pueyrredón para salvar los caudales del Real Erario que estaban en riesgo de caer en manos realistas. Fueron sus primeras experiencias en la llamada guerra de recursos, las cuales desgastaron a las fuerzas invasoras durante años.
En 1812 tuvo otro enfrentamiento, esta vez con el general Manuel Belgrano, quien estaba a cargo del Ejército del Norte. Las versiones de la época indicaban que Güemes convivía con una mujer casada en la misma casa que habitaba su marido, y que este último había sido amenazado para no develar el entuerto. Al enterarse, Belgrano ordenó su traslado inmediato a Buenos Aires por razones de disciplina, y Güemes quedó adscripto al Estado Mayor General. En diciembre de 1813 fue ascendido a teniente colonel graduado y retornó al Ejército del Norte junto al general José de San Martín, quien comprendió su valor estratégico y lo designó jefe de las Avanzadas del río Pasaje (actualmente río Juramento).
Ese mandato le permitió perfeccionar la guerra de guerrillas que desplegaban sus tropas contra los españoles: ataques intermitentes, de hostigamiento, en pequeños grupos, ocupando grandes extensiones de territorio y con un alto poder de daño. Güemes y sus gauchos conocían mejor que nadie los cerros, la ubicación de los pasos entre los valles, el recorrido de los ríos, las quebradas y los cañadones, además de los cambios del clima, teniendo como objetivo fijo la emancipación contra el poder colonial. Se iniciaba formalmente la Guerra Gaucha.
En marzo de 1814 derrotaron a los españoles en el Tuscal de Velarde, luego los enfrentaron en Anta y en Santa Victoria, hasta que en agosto las fuerzas al mando del brigadier español Joaquín de la Pezuela se vieron obligadas a abandonar la ciudad de Salta, siendo perseguidas por los gauchos hasta La Quiaca. En su retorno triunfal a Jujuy, las huestes locales se hicieron con centenares de fusiles, bayonetas, lanzas y juegos de herraduras que los españoles habían dejado en su huida, pertrechos que ayudaron a equipar a las fuerzas gauchas. Por estas acciones, fue ascendido a coronel y designado jefe militar de la región comprendida entre Tucumán y Tarija.
En 1815, Güemes se reincorporó al Ejército del Norte, que estaba a cargo de José Rondeau, pero manteniendo la autonomía de su mando. La tropa gaucha fue fundamental en la derrota de los españoles en el Puesto del Marqués; sin embargo, enfrentado a la estrategia militar de Rondeau, Güemes decidió retornar a la ciudad de Salta. En su tránsito, se apropió de 500 armas y pertrechos de reserva que estaban acantonados en Jujuy, hecho por el cual fue acusado de desertor y traidor por Rondeau. La relación entre ambos líderes, que nunca había sido buena, entró en su peor momento.
Al llegar a Salta, el pueblo lo aclamó y el Cabildo lo nombró gobernador, una designación que cuatro meses después fue reconocida también por el Cabildo de Jujuy. Continuaron los desencuentros con Rondeau, quien pretendía encarcelar a Güemes y, con ese fin, tomó la ciudad de Salta. Sin embargo, las fuerzas de Rondeau quedaron completamente sitiadas por las milicias gauchas y desprovistas de víveres. Acorralado, Rondeau tuvo que pactar con el líder salteño tras una eficaz mediación de María Magdalena “Macacha” Güemes, hermana del prócer. En julio de ese mismo año, Güemes contrajo matrimonio con doña María del Carmen Puch, quien se convirtió en un apoyo fundamental para su lucha, junto con su hermana.
Su acción de gobierno fue firme y de un profundo contenido social. Decretó el Fuero Gaucho, una medida revolucionaria que integraba a los soldados al fuero militar, liberándolos del “conchabo” (la obligación de realizar trabajo rural gratuito durante medio mes a favor del patrón de la estancia) y exceptuándolos del pago del arriendo de las tierras mientras estuvieran luchando en los frentes de batalla. Asimismo, promovió la libre circulación de los trabajadores, sancionó una ley de irrigación e impuso varias contribuciones generales, con la anuencia del Cabildo, para sostener económicamente a quienes defendían la Patria en la Intendencia de Salta. Estas disposiciones produjeron un duro enfrentamiento con la oligarquía salteña, que miraba con recelo su base de apoyo popular y comenzó a preparar la traición.
Fue designado coronel mayor por sus méritos militares. No obstante, el gobierno central de Buenos Aires también recelaba de su figura y de su enorme influencia social, por lo que retacearon sistemáticamente la ayuda económica y militar para la defensa del norte. En 1818 fue reelecto gobernador de Salta, reconocimiento que días más tarde convalidó el cabildo de Jujuy. Entre septiembre y octubre de 1819, ante la asfixia financiera, estableció una contribución forzosa a los hacendados y vecinos pudientes para solventar los gastos inevitables de la guerra contra los realistas, lo que aceleró las intrigas y el complot en su contra.
Los españoles volvieron a invadir la provincia de Salta, y aunque Güemes solicitó auxilio a las demás provincias y al gobierno central, no recibió apoyo alguno. A pesar de la extrema debilidad económica y de la falta de pertrechos, sus milicias lograron rechazar al invasor una vez más. A principios de 1821, auxilió al gobernador de Santiago del Estero, Juan Felipe Ibarra, en su conflicto contra el gobernador tucumano, pero sufrió allí derrotas militares que complicaron su situación interna. Paralelamente, las clases altas salteñas aprovecharon su ausencia para ocupar el Cabildo, destituirlo y pretender entregar la ciudad al general español Pedro Antonio Olañeta. Al regresar de su expedición tucumana, Güemes retomó el control absoluto de la ciudad y abortó pacíficamente la llamada “Revolución del Comercio”.
Sin embargo, la conjura no se detuvo. El comerciante Mariano Benítez se reunió en secreto con las fuerzas españolas y aportó datos precisos para emboscar al líder salteño. Con esa información estratégica, partieron 400 soldados realistas al mando del coronel José María Valdés, alias “Barbarucho”, un antiguo cuatrero de la región que conocía los senderos alternativos. El 7 de junio de 1821, Valdés ingresó subrepticiamente a la ciudad de Salta, rodeó la casa de “Macacha” Güemes y bloqueó las principales salidas. Al intentar escapar a caballo para organizar la resistencia, Güemes recibió una herida de bala en la espalda. Logró llegar agonizante a la Cañada de la Horqueta, donde las condiciones del campamento impidieron que recibiera una adecuada atención médica y, lentamente, se desangró.
Durante su último día de vida, reunió a sus oficiales, les hizo jurar que no se rendirían jamás ante el invasor, les dio órdenes precisas para continuar el hostigamiento a los godos y designó al coronel Jorge Enrique Vidt como nuevo comandante de las fuerzas de la provincia. Unas semanas después de su fallecimiento, el ejército invasor español fue completamente derrotado y obligado a evacuar la ciudad, en lo que constituyó su última incursión en tierra salteña. La estrategia de desgaste de Güemes había triunfado definitivamente, incluso después de su muerte.
¡Salud, Martín Miguel de Güemes! Por comprender que sin la defensa inclaudicable de la frontera norte no hubiera existido la independencia, por tu enorme ductilidad militar y por tu férrea defensa del territorio nacional y de la autonomía provincial. Sos parte esencial de la gesta emancipadora que sigue viva en la memoria de nuestro pueblo.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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