6 de junio: Día de la Hidrografía Naval, el servicio silencioso que custodia y traza nuestros mares

A 147 años del perfeccionamiento del decreto que dio vida a la Oficina Central de Hidrografía, recordamos la historia de los pioneros que desafiaron climas extremos para cartografiar el litoral argentino. Hoy, el Servicio de Hidrografía Naval no solo garantiza la seguridad náutica, sino que determina la hora oficial del país mediante tecnología atómica.
Las Efemérides del "Pelícano"Hace 2 horasDiario BonaerenseDiario Bonaerense

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Un día como hoy, pero de 1879, se consolidaba el decreto que había dado nacimiento legal a la Oficina Central de Hidrografía (OCH) con el objetivo de brindar seguridad náutica a nuestro país, realizar el relevamiento de nuestros ríos, sus profundidades y las posibilidades de traslado de los barcos, y custodiar y señalizar el litoral marítimo. 

En efecto, el 1º de enero de 1879 el presidente Nicolás Avellaneda había firmado el Decreto Nº 11289 creando legalmente la OCH, disposición que se perfeccionó el 6 de junio, por lo cual se conmemora el Día de la Hidrografía en nuestro país en esta última fecha. En 1881 la oficina pasó a la órbita de la Escuela Naval Militar y se creó el Observatorio de Marina (actualmente Observatorio Naval Buenos Aires) con el objeto de proporcionar diariamente y a una hora fija el tiempo astronómico de Buenos Aires a los buques que se encontraban en la rada del puerto. 

La primera carta náutica se editó en 1883 y representaba a la Bahía de San Blas. En 1904 se estableció el Destacamento Naval Orcadas y el alférez de la Armada José María Sobral editó la primera carta antártica, que tenía poca información específica pero abundante información histórica sobre expediciones previas. Ese documento fue mejorado en 1916 con la edición de la Carta 31, denominada “Fondeaderos de la gobernación de Tierra del Fuego”, realizada con fines náuticos y en la que el continente antártico (sin límites definidos por la comunidad internacional) se tomó como parte del territorio nacional. 

En esa época, las tareas de relevamiento se desarrollaban en un marco de precariedad. Se conformaban grupos de unas treinta personas que se desplazaban a lugares lejanos e inhóspitos. Instalaban campamentos con carpas de lona pesada, faroles, velas y una cocina mínima alimentada a kerosene.

La primera misión era la observación de mareas y la ubicación de puntos predeterminados para sentar las bases de los teodolitos. Las mareas eran registradas cada 10 minutos durante las 24 horas, y se clavaban estacones de metal de colores rojo, blanco y negro (sobre roca, arena o barro) desde la bajamar hasta la pleamar en niveles escalonados de menor a mayor. Luego eran nivelados y sujetados con vientos de acero. Ese rudimentario procedimiento no podía interrumpirse bajo ninguna circunstancia. 

A continuación, los hidrógrafos y cartógrafos confeccionaban los croquis costeros iniciales mientras se tomaba la altura de las mareas con relojes sincronizados que ponían en práctica la reducción de sondajes. Acto seguido, los hidrógrafos se subían a pequeños botes con remos provistos de una sonda de mano y una plomada cónica (escandallo) para medir la profundidad; un miembro de la tripulación levantaba una banderilla y los teodolitos tomaban hora y ángulo para ubicar el punto exacto. Si anochecía o subía mucho la marea, se retiraban. 

Lo más trabajoso era el recurrente izado de la sonda en cada toma, porque el agua helada penetraba los guantes del sondador. Posteriormente, se verificaba en los croquis que los ángulos señalados por los teodolitos establecieran un triángulo o conformaran un punto donde ubicar el sondaje. De lo contrario, había que repetir la operación. Si las inclemencias climáticas impedían trabajar, se revisaban los datos obtenidos y se los volcaba en las planillas que luego utilizarían los cartógrafos para editar las cartas náuticas. Finalmente, para los navegantes, esa carta representaba una segura puerta de entrada a una zona antes prohibida o demasiado riesgosa. 

En 1918 se comenzó a publicar el suplemento de Avisos a los Navegantes y, en 1920, las Tablas de Mareas. Sin embargo, no existían estándares hidrográficos que fueran homologables en el mundo, por lo que en 1921 diecinueve países crearon la Organización Hidrográfica Internacional (OHI). Entre las naciones fundadoras se encontraba la República Argentina. 

En 1957 se completó la cartografía de todo el litoral marítimo, con los puertos y rutas de navegación en el Mar Argentino y en la Antártida. En 1969 —en acuerdo con las recomendaciones de la OHI— entró en vigencia un nuevo plan cartográfico que adaptó sus normas de representación cartográfica, del sistema geodésico y de las unidades de profundidad. En 1996 se generó la primera carta náutica digital y en 2006 se editó la primera carta de navegación electrónica. 

En 1972 la Oficina Central de Hidrografía cambió su nombre por el de Servicio de Hidrografía Naval (SHN) y en 2007 la institución dejó de pertenecer a la Armada y fue transferida a la Subsecretaría de Investigación Científica y Política Industrial para la Defensa, en la órbita del Ministerio de Defensa de la Nación.

Su jurisdicción abarca el frente marítimo y oceánico continental y antártico, el Río de la Plata, el Río Paraná y, en forma parcial, los siguientes cursos fluviales: Uruguay, Paraguay, Quequén, Colorado, Negro, Chubut, Deseado, Santa Cruz, Coig, Gallegos y Grande.

Hoy el SHN cumple funciones mucho más amplias. No solo provee de derroteros seguros para nuestros navegantes, sino que brinda servicios de alertas meteorológicas, pronósticos mareológicos, cartografía náutica, balizamiento, listas de radioayudas a la navegación, astronomía, oceanografía, geología marina y asesoramiento sobre vías navegables. También se encarga de las exploraciones e investigaciones que sirven para la actualización de los datos y la determinación de los espacios marítimos nacionales, lleva el listado de faros y señales marítimas, tablas de marea, almanaques náuticos y otras publicaciones de acuerdo con las normas internacionales vigentes, y publica cartas de hielos y cartas de seguimiento de témpanos, entre otras tareas. 

Además, comunica la hora oficial argentina desde el Observatorio Naval Buenos Aires, que se encuentra en la Costanera Sur de la capital federal. Allí está emplazado el reloj atómico Symmetricom modelo 5071 A, utilizado como patrón para la determinación del Tiempo Universal Coordinado local y desde donde se extrae la señal exacta para la difusión de la hora oficial de la Argentina, en consonancia con el huso horario adoptado por nuestro país. 

¡Salud, SHN! Por el trabajo silencioso que realizan tus trabajadores militares y civiles en nuestras costas y ríos, por investigar y descubrir nuevos procesos y cambios naturales que ocurren bajo el agua y frente al litoral marítimo, por custodiar nuestros límites y por darnos la hora precisa.

Ruben Ruiz - El Pelícano

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