
20 de julio: A 103 años del asesinato de Pancho Villa, el legendario "Centauro del Norte" que desafió a los imperios
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 1923, fue asesinado José Doroteo Arango Arámbula, cuyo seudónimo era Pancho Villa, líder militar y campesino del norte mexicano e ícono de la cultura popular. Fue uno de los principales dirigentes de la Revolución Mexicana y actor fundamental en los innumerables conflictos agrarios en los estados de Chihuahua, Durango y la comarca lagunera.
Nació en 1878 en la hacienda de Río Grande (actualmente La Coyotada), ubicada en San Juan del Río, estado de Durango. Fue un campesino pobre y huérfano que trabajó desde pequeño y nunca tuvo la oportunidad de asistir a la escuela. Se desempeñó también como obrero en la mina El Verde y como albañil en la ciudad de Chihuahua. A los 16 años tuvo su primer y definitivo encuentro con la violencia extrema: su hermana sufrió un intento de violación por parte de un terrateniente (aparentemente, Agustín López Negrete); al llegar al lugar, el joven Doroteo ajustició al atacante y, tras ese hecho, se vio obligado a huir hacia las montañas.
Su existencia en la clandestinidad fue sumamente paupérrima, dando inicio a su periplo como bandolero. Hacia el año 1900 se aquerenció en el estado de Chihuahua, donde sus actos de bandidaje persiguieron tres objetivos muy claros: sobrevivir económicamente, enfrentar a los grandes terratenientes y dueños de haciendas que abusaban sistemáticamente de los campesinos al amparo de leyes injustas, y distribuir parte de sus botines entre los sectores más desposeídos. De esta manera, su popularidad y la admiración popular crecieron de forma exponencial. Nacía la leyenda de Pancho Villa.
En 1910 conoció a Abraham González, representante político de Francisco I. Madero en Chihuahua, quien le enseñó los rudimentos de la educación básica y algunos conceptos políticos fundamentales. Madero era un político que se enfrentaba abiertamente al dictador Porfirio Díaz. El 20 de noviembre de 1910, este hizo público su Plan de San Luis, mediante el cual convocaba al pueblo mexicano a levantarse en armas contra la dictadura y prometía la devolución de las tierras al campesinado que había sido despojado a través de la violencia consuetudinaria.
Pancho Villa se unió decididamente al maderismo. En la lucha armada se distinguió rápidamente por su audacia, coraje y notables dotes de organizador. Actuó como jefe indiscutido en las batallas de San Andrés, Santa Isabel, Ciudad Camargo, Las Escobas y Estación Bauche, y secundó con éxito a Pascual Orozco en la decisiva toma de Ciudad Juárez. Además, se apropió de los trenes y tomó el comando de las líneas férreas de la región, un recurso estratégico clave mediante el cual transportaría grandes contingentes de tropas.
En apenas seis meses, las fuerzas revolucionarias desalojaron del poder a Porfirio Díaz. La importancia de las milicias norteñas fue crucial para este desenlace. Pese a la posterior tibieza y debilidad de las medidas tomadas por el gobierno maderista, Pancho Villa se mantuvo leal. Combatió en la División del Norte Federal, comandada por Victoriano Huerta (quien luego se revelaría como un traidor). Sin embargo, el profundo conocimiento del terreno que poseía Villa y su brillantez táctica despertaron los celos de su comandante, quien lo acusó falsamente de robo y lo envió prisionero a la Penitenciaría de Lecumberri y, posteriormente, a la de Santiago Tlatelolco, en la Ciudad de México.
En prisión conoció a Bernardo Reyes y a Gildardo Magaña Cerda, quienes mejoraron su instrucción general y lo introdujeron formalmente en las ideas agraristas. A fines de 1912, Pancho Villa se fugó y se dirigió al norte para emprender la lucha contra Huerta, quien había usurpado el poder tras ordenar el asesinato de Madero y de su vicepresidente. Villa se puso de inmediato a disposición del gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, quien había convocado a la rebelión constitucionalista. En septiembre de 1913 participó en la creación de la División del Norte del Ejército Constitucionalista, de la cual fue nombrado general en jefe. A principios de 1914 tomó la ciudad de Ojinaga, consolidando el control absoluto del noroeste del estado de Chihuahua.
Pocos meses después fue nombrado gobernador provisorio de Chihuahua, aunque en la práctica extendió sus funciones y continuó ejerciendo el poder incluso cuando el presidente designó a Manuel Chao como gobernador efectivo. Durante su administración, Villa decretó el establecimiento del Banco del Estado e imprimió billetes propios, intervino las grandes haciendas y abasteció el mercado local de carnes con reses expropiadas, abarató drásticamente los precios del maíz y los frijoles, reemplazó a comerciantes corruptos por administradores honestos, asumió el gerenciamiento de los ferrocarriles y telégrafos, expulsó de la región a los españoles cómplices de Huerta, fundó más de cincuenta escuelas y reabrió el Instituto Científico y Literario. Su gestión y la velocidad de sus medidas impactaron profundamente en la población local, mejorando la calidad de vida de vastos sectores.
Finalmente, el constitucionalismo triunfó y Carranza fue elegido presidente provisional. No obstante, las diferencias internas no tardaron en aflorar. Villa exigía con firmeza la convocatoria a una Convención de generales y gobernadores revolucionarios para consensuar la celebración de elecciones libres y formular un verdadero programa de gobierno.
A finales de 1914, Carranza convocó a la Convención de las fuerzas revolucionarias, la cual comenzó en la Ciudad de México y luego se trasladó a Aguascalientes. En este escenario hizo su aparición Emiliano Zapata junto a su Ejército Libertador del Sur, conformando un tándem de enorme peso que fortaleció la posición de Pancho Villa en la Convención de Aguascalientes. Ambos líderes firmaron el Pacto de Xochimilco, en el que establecieron las bases para la restitución de tierras a los campesinos, comunicaron su negativa a disolver sus respectivos ejércitos, desconocieron la autoridad de Carranza y convinieron la elección de un presidente civil firmemente comprometido con las reformas sociales de la Revolución.
Villa y Zapata entraron triunfantes a la Ciudad de México e ingresaron juntos al Palacio Nacional acompañando al presidente de la Convención, Eulalio Gutiérrez Ortiz. Contrariados por estas decisiones de la mayoría, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón huyeron hacia Veracruz para planificar el contraataque.
En poco tiempo, las diferencias estratégicas entre Emiliano Zapata y Pancho Villa comenzaron a desgastar la alianza. El Ejército Libertador del Sur y su comandante se retiraron hacia sus estados natales para evitar profundizar las discrepancias, dejando un vacío de fuerzas que fue rápidamente aprovechado desde Veracruz. Obregón avanzó hacia la Ciudad de México y propinó cuatro derrotas consecutivas a las fuerzas villistas en el Bajío. Las ametralladoras provistas por el gobierno estadounidense, el uso de alambrados de púas, un terreno sumamente impropio para las cargas de la caballería revolucionaria y el suministro de municiones defectuosas inclinaron definitivamente la balanza. Villa y sus diezmadas tropas debieron replegarse hacia el norte.
Intentaron tomar Sonora, pero la campaña resultó en un fracaso. Se instalaron entonces en Chihuahua y desde allí operaron bajo la modalidad de guerra de guerrillas. En enero de 1916, un grupo de milicianos villistas emboscó un tren de la compañía Mexico North Western Railway y ejecutó a 18 empleados estadounidenses de la corporación minera ASARCO. El 9 de marzo de ese mismo año, 1500 hombres bajo las órdenes de Ramón Banda Quesada atacaron la localidad de Columbus, en Nuevo México, territorio estadounidense. La acción fue una represalia directa por el apoyo de Washington al gobierno de Carranza y una búsqueda del comerciante local que les había vendido las municiones defectuosas.
La respuesta no se hizo esperar: el presidente de los Estados Unidos ordenó una expedición punitiva al mando del general John J. "Black Jack" Pershing (quien posteriormente comandaría las fuerzas norteamericanas en la Primera Guerra Mundial) al frente de 10.000 soldados. Incursionaron más de 600 kilómetros dentro del territorio soberano de México en busca de Villa. Lo rastrearon de manera infructuosa durante once meses hasta que finalmente se vieron obligados a retirarse. Villa regresó a la actividad en la región y continuó con sus operaciones guerrilleras hasta 1920.
El estallido de la Primera Guerra Mundial complejizó el acceso a armamento y municiones. Tras el asesinato de Venustiano Carranza, el nuevo gobierno provisional ofreció un pacto de paz. Villa, convencido de que era el momento, firmó los Convenios de Sabinas, mediante los cuales deponía las armas a cambio de que el Estado le entregara tierras en reconocimiento a sus servicios a la Revolución.
Se instaló entonces en la desolada hacienda de Canutillo, en Durango. Junto a sus hombres, en muy poco tiempo, transformó por completo el lugar: reconstruyeron el casco principal, los establos y las bodegas, dotaron a la propiedad de líneas telefónicas y la convirtieron en una próspera plantación de cereales. Fundó también una oficina de correos y telégrafos, creó una escuela y exigió al gobierno central un plantel de profesores con salarios dignos, asegurando además alimentación y vestimenta para los 300 alumnos de Canutillo y sus alrededores.
Sin embargo, la venganza política seguía latente. El general Álvaro Obregón siempre consideró a Villa como una amenaza y, una vez en la presidencia, comenzó a conspirar para acabar con su vida. El 20 de julio de 1923, Pancho Villa fue emboscado en Hidalgo del Parral mientras conducía su automóvil Dodge rumbo a una celebración familiar. Recibió 16 disparos de fusiles M-40 y M-50, y de pistolas calibres 44, 45 y 50.
Vivió sin pedir permiso y murió sin pedir clemencia. Su vida fue un remolino de polvareda y velocidad. Nació en la miseria absoluta, creció bajo el signo de la necesidad y forjó sus rudimentos políticos y militares al calor de la acción directa. Dirigió siempre sus esfuerzos hacia los desposeídos, tanto en los períodos de turbulencia como en los de paz. Su figura sigue siendo un faro ineludible para una vasta porción del pueblo mexicano, que se niega a olvidarlo. Pancho Villa sobrevivió a su muerte trágica, dejando una pregunta que los poderosos todavía no logran responder.
¡Salud al “amigo de los pobres”, como lo sigue llamando su pueblo y como lo inmortalizó el periodista John Reed en su célebre obra México insurgente!
Ruben Ruiz - El Pelícano


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