
3 de septiembre: Eduardo Galeano, la pluma inoxidable de América Latina
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 1940, nacía Eduardo Germán María Hughes Galeano, escritor y periodista uruguayo cuyas obras combinaron ficción, documental, análisis político, periodismo e historia en dosis novedosas, y lo transformaron en uno de los escritores más influyentes de las corrientes populares, en particular de las izquierdas latinoamericanas.
Nació en Montevideo. Hijo de Licia Esther Galeano y de Eduardo Hughes Roosen, desde muy joven se emparentó con el periodismo. Publicaba caricaturas políticas y dibujos en el semanario socialista El Sol bajo el seudónimo de Gius. También trabajó como mecanógrafo, mensajero, editor, cobrador, obrero en una fábrica de insecticidas, pintor de carteles y cajero de banco.
Su carrera periodística comenzó en 1960. Fue jefe de redacción del semanario Marcha y se codeó con Mario Benedetti, Mario Vargas Llosa, Alfredo Zitarrosa, Manuel Maldonado, Adolfo Gilly y los hermanos Fernández Retamar, entre otros. En 1962 publicó su primer libro, la novela corta Los días siguientes, una obra que no dejó conforme ni al autor ni a los lectores.
En 1964 dirigió el diario de izquierda independiente Época y publicó su segunda obra: China, crónica de un desafío, un ensayo político sobre la realidad de la República Popular China en momentos de su enfrentamiento ideológico con la Unión Soviética y de la marcha de ese laboratorio multifacético que era el socialismo en el país más poblado del planeta.
En 1967 se consolidó como cronista y analista político de la realidad latinoamericana. Sus obras Guatemala, país ocupado, Reportajes: tierras de Latinoamérica, puntos cardinales y algo más y Siete imágenes de Bolivia develaban los mecanismos violentos utilizados para derrocar gobiernos populares, sus resistencias y sus consecuencias económicas y sociales.
En medio de esa producción, se introdujo en otro tópico que siempre lo acompañó: el fútbol. En su libro Su majestad el fútbol unió literatura y balompié; sumó su pasión por ese deporte y sus circunstancias, y le agregó opiniones de Albert Camus, Mario Benedetti y Horacio Quiroga. Un cóctel exquisito para los futboleros y los amantes de los espectáculos populares.
En 1971 publicó una de sus grandes obras: Las venas abiertas de América Latina, un mural artesanal sobre el saqueo que sufrió el continente, la magnitud de sus riquezas y su contrapartida, la pobreza estructural. Los títulos de la introducción y de sus dos secciones no dejan espacio para la duda: «Ciento veinte millones de niños en el centro de la tormenta», «La pobreza del hombre como resultado de la riqueza de la tierra» y «El desarrollo es un viaje con más náufragos que navegantes».
También recibió críticas que le recriminaban la simpleza de sus argumentos para descifrar los hechos, su unilateral relación con la Teoría de la dependencia —muy en boga en esa época— y la excesiva literalidad mítica respecto a la tragedia latinoamericana. Evidentemente, cumplió la misión de despabilar conciencias, recoger adhesiones y desatar antagonismos.
Esta vez se mudó a España, más precisamente a Calella, Cataluña. Publicó en varias revistas españolas, trabajó en una radio alemana y colaboró en un canal de televisión mexicano. Publicó Días y noches de amor y de guerra, un elogio a la memoria y a la vida y un retrato de la tragedia continental; La piedra arde, y Voces de nuestro tiempo.
En 1982 inició la escritura de una trilogía que dio que hablar: Memoria del fuego, una saga en tres actos integrada por Los nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986). La obra constituyó una visión integral de la identidad latinoamericana desde la llegada de los españoles, salpicada de datos cronológicos sin una estricta relación geográfica, una réplica a la historia «oficial» y un alegato contra la usurpación de la memoria.
Fue un conjunto de relatos breves, informes y poemas engarzados con transcripciones de documentos, la inclusión de diferentes voces y su visión personal del recorrido de los movimientos sociales y culturales que las sostienen. Es un libro sin neutralidad: se instala en el lugar de los desposeídos y desde allí cuenta las múltiples aristas de nuestra historia, los juegos que se instalan en el poder, las luchas emancipatorias, las transformaciones sociales, las relaciones entre los pueblos y las masacres cometidas contra los desheredados de toda América (incluida Norteamérica). Es un libro sin tregua ni pretensiones de objetividad; es el relato claro de un lado de la historia.
A mediados de los años 80 retornó a su querida Montevideo. Junto a Hugo Alfaro, Mario Benedetti, Héctor Rodríguez, Guillermo Waksman y Rubén Svirsky, entre otros escritores y periodistas, fundó el semanario Brecha, una herramienta ineludible para conocer y pensar la política y la cultura uruguayas.
Entre 1987 y 1989 participó en la Comisión Nacional Pro Referéndum, creada para revocar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, que impedía el juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar en su país. Integró el Frente Amplio y apoyó la candidatura de Tabaré Vázquez para la presidencia de la nación, respaldó la demanda de soberanía de Puerto Rico y formó parte del comité consultivo de la cadena de televisión TeleSUR.
Pero no dejó de escribir. Despuntó el vicio con varias obras: Nosotros decimos no, El libro de los abrazos, Las palabras andantes, Úselo y tírelo, El fútbol a sol y sombra, Las aventuras de los jóvenes dioses, Patas arriba: la escuela del mundo al revés, Carta al ciudadano seis mil millones, Bocas del tiempo, Espejos: una historia casi universal, La resurrección del papagayo, Los hijos de los días y Mujeres. Todas con su sello indeleble.
Personaje frecuente del Café Brasilero y empecinado director de su editorial El chanchito.
El 13 de abril de 2015 el cáncer de pulmón ganó la batalla. Falleció en su casa natal.
¡Salud, Eduardo Galeano! Por emocionarnos, por provocar nuestra inteligencia, por tus frases sonoras que tenían olor a calle y por tu literatura musical.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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