
31 de agosto: Eladia Blázquez, la gran poetisa y voz entrañable del tango y la canción porteña
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 2005, nos dejaba Eladia Blázquez, compositora, cantante, pianista y guitarrista. Fue declarada Hija Dilecta de Avellaneda y Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. Alegre, con un fino sentido del humor, sarcástica y tímida.
Además, consecuente hincha de Racing Club.
Nació en Gerli, provincia de Buenos Aires, en 1931. Su madre era de Granada y su padre de Salamanca, dos ciudades emblemáticas y mágicas de España. A los ocho años cantaba y bailaba en las fiestas de la colectividad española. Era la época en que en Buenos Aires vivían más gallegos que en La Coruña, una de las ciudades más pobladas de Galicia.
Y, como sabemos, encuentros y fiestas siempre tuvieron de sobra.
A esa misma edad comenzó a trabajar en Radio Argentina. A los once años compuso su primer bolero, Amor imposible, y más tarde, Novelera y Tu mentira. En 1957 compuso su primera canción melódica, Humo y alcohol. Su versatilidad la llevó a componer temas folklóricos que grabaron Ramona Galarza, Los Fronterizos y el Grupo Vocal Argentino.
En 1970 comenzó su etapa con la música porteña. Incursionó en el tango y produjo un verdadero revuelo: fue criticada por los tangueros puristas, pero sus temas eran cada vez más populares. Compuso tangos junto a Astor Piazzolla, Osvaldo Pugliese, Atilio Stampone, Homero Expósito y Rubén Garello, obras que le permitieron acomodar el cuerpo y ganar un lugar propio entre tanta ortodoxia tanguera.
Fueron temas con sensibilidad musical y precisión descriptiva: El corazón al sur, Sueño de barrilete, Sin piel, Invierno porteño, Fiesta y milonga, Bien nosotros, Qué buena fe, Y somos la gente, Contame una historia, Domingos de Buenos Aires, Patente de piola y La pasión del escolaso.
También compuso canciones (que en esa época se llamaban baladas) que quedaron grabadas en los oídos de varias generaciones y mantienen una vigencia atemporal, como Honrar la vida, A un semejante o Prohibido prohibir.
Bien vale el fragmento de un poema tuyo para recordar cosas que no podemos negociar…
¡No! Permanecer y transcurrir
no es perdurar, no es existir,
¡ni honrar la vida!
Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia sin saber,
adormecida…
Merecer la vida no es callar y consentir
tantas injusticias repetidas…
¡Es una virtud, es dignidad!
Y es la actitud de identidad ¡más definida!
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo que vivir…
¡Honrar la vida!
¡Salud, Eladia! Te saludan tus personajes, tus esquinas, tus paisajes y todos los que te seguimos escuchando de tiempo en tiempo.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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