24 de julio: Simón Bolívar, el "Libertador" de América y el sueño inconcluso de la Patria Grande

A 243 años de su nacimiento, recordamos al estratega militar y pensador venezolano que lideró la emancipación de cinco naciones y fundó la Gran Colombia. Su genialidad en el campo de batalla y su agudo ideario político marcaron a fuego el mapa del continente y abrieron el camino hacia la independencia sudamericana.
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Un día como hoy, pero de 1783, nacía Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, uno de los dirigentes más importantes de la emancipación latinoamericana. Político y militar venezolano, fue el fundador de las repúblicas de la Gran Colombia y de Bolivia, así como el gran inspirador de los procesos independentistas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Panamá.

Nació en Caracas en el seno de una familia aristocrática. A los tres años quedó huérfano de padre y a los nueve, de madre; ambos fallecieron a causa de la tuberculosis. Es posible que el propio Bolívar hubiera adquirido ya en su infancia una primoinfección tuberculosa, enfermedad que no suele manifestarse claramente mientras el individuo mantiene las defensas altas. En ese complejo contexto familiar, quedó bajo la custodia de su abuelo, Feliciano Palacios, quien, debido a sus propios problemas de salud, designó a su hijo Esteban como tutor del menor.

Sin embargo, dado que este último residía en España, la tutela efectiva fue trasladada a su hermano Carlos Palacios. Este era un hombre de personalidad tosca, carácter duro y ocupado de forma permanente en sus actividades agrícolas. La relación entre ambos nunca fue buena y, durante muchas jornadas, el cuidado de Simón quedó exclusivamente a cargo del personal de la casa materna.

Bolívar estudió inicialmente en la Escuela Pública de Caracas, administrada por el Cabildo, y posteriormente vivió como interno en la casa de uno de sus mentores más influyentes: Simón Rodríguez. También contó con destacados instructores particulares de la época, como Andrés Bello en Historia y Geografía, los profesores Carrasco y Vides en escritura y aritmética, el presbítero José Antonio Negrete en religión, y Guillermo Pelgrón en latín. Tiempo después, tomó clases en la Academia de Matemáticas, institución dirigida por el padre Andújar y establecida en la propia casa de su tutor. Gracias a esto, su educación mejoró notablemente, sumando lecciones de Cosmografía, Topografía y Física.

Sin embargo, su verdadera vocación era el uso y el ejercicio de las armas. En 1797 ingresó como cadete al Batallón de Milicias de Blancos de los valles de Aragua y, un año después, fue ascendido al rango de subteniente. A los 16 años fue enviado a Europa para continuar con su formación. En el viejo continente intensificó sus conocimientos militares y de esgrima, amplió sus saberes en matemáticas, historia y literatura, e inició estudios del idioma francés. Al poco tiempo conoció en Madrid a María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, con quien contrajo matrimonio en 1802. Durante ese período de su vida, visitó las ciudades de Bilbao, París y Amiens. Una vez consumado el enlace, la pareja retornó a Venezuela; lamentablemente, en enero de 1803, su esposa falleció víctima del paludismo.

El golpe psicológico fue inmenso. Bolívar juró entonces no volver a casarse jamás. Regresó a Europa y se encontró con un continente que bullía con el surgimiento de nuevas corrientes de pensamiento, donde las consecuencias de la Revolución Francesa actuaban como un claro catalizador de voluntades. Durante este viaje leyó con avidez a Voltaire, Rousseau, Locke y Montesquieu; tomó contacto con figuras de la talla de Napoleón Bonaparte, Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland, y retomó su estrecho vínculo con su maestro Simón Rodríguez. En 1806 regresó a Venezuela con la firme convicción de liberar a su patria del yugo colonial español y, al mismo tiempo, asumió la administración de los negocios familiares que le aseguraban su subsistencia económica.

Los acontecimientos políticos que ocurrían en España y las asociaciones patrióticas que comenzaron a proliferar en América en pos de la autonomía confluyeron para consolidar un escenario sumamente novedoso. El 19 de abril de 1810, el Cabildo de Caracas se rebeló contra las autoridades virreinales y, el 5 de julio de 1811, se firmó el Acta de Independencia que constituyó la Primera República de Venezuela. Al enterarse de estos cambios políticos, el comandante de las fuerzas navales británicas en el Caribe, Thomas Cochrane, envió una fragata para transportar a una delegación de la nueva Junta con el objetivo de discutir la situación política de la región.

La comitiva diplomática estuvo integrada por el coronel Simón Bolívar, junto a Andrés Bello y Luis López Méndez. Su meta era lograr el apoyo británico a las nuevas autoridades de Caracas y garantizar que los españoles no entorpecieran el libre comercio de la región. En aquellos momentos, Gran Bretaña y España eran aliadas en la guerra contra Francia, por lo que las negociaciones formales no prosperaron. Sin embargo, gracias a los oficios de Pedro de Miranda y al pragmatismo de Bolívar, se logró un acuerdo tácito de conveniencia mutua que permitió una solución de hecho para el libre comercio de la naciente nación.

En 1812, Bolívar tuvo su bautismo de fuego en Valencia, donde las fuerzas patriotas derrotaron a los opositores de la junta. Posteriormente, reorganizó las milicias en el valle de Aragua y fue nombrado jefe de las fuerzas armadas. A pesar de sus esfuerzos, no logró evitar la caída de Puerto Cabello —el principal puerto y arsenal de los republicanos— a manos de las tropas realistas, salvando su vida por muy poco. Tras la derrota de las fuerzas republicanas y la restauración del dominio español, Bolívar se trasladó a Curazao y luego se refugió en Cartagena de Indias, donde el proceso independentista se consolidaba con fuerza.

Allí redactó el célebre Manifiesto de Cartagena, un documento fundamental en el que analizó con agudeza las causas políticas y militares de la caída de la Primera República de Venezuela, exhortó a no cometer los mismos errores y revalorizó el papel de la unidad de los pueblos americanos. Se puso de inmediato a disposición de las autoridades militares de Cartagena y comenzó un raid que conllevó varias victorias consecutivas sobre los realistas en el río Magdalena y en la zona de Cúcuta, en la frontera con Venezuela. Al mismo tiempo, mejoró el adiestramiento de sus tropas y conformó un sólido bloque de oficiales con notable capacidad táctica y visión estratégica.

En febrero de 1813 inició la histórica Campaña Admirable. Tomó la ciudad de Mérida y derrotó a los españoles en la batalla de Mosquiteros, obligándolos a capitular. Ingresó triunfal a Caracas con el título de Capitán General y tomó las riendas del gobierno. Desde allí reorganizó el Estado, dirigió la guerra aún inconclusa, mantuvo el Consulado, creó un nuevo sistema fiscal y de justicia, reformó la actividad agraria, consolidó las exportaciones y otorgó la nacionalidad a aquellos extranjeros que se mostraran afectos a la causa republicana.

No obstante, en 1814 las fuerzas españolas se reagruparon y derrotaron sucesivamente a los patriotas hasta acorralarlos en el norte de Venezuela. La Segunda República había fracasado. La conclusión de Bolívar ante este revés fue clara: se requería una derrota integral del invasor en toda la región, bajo un mando unificado y con un poder territorial suficiente para impedir las reconquistas parciales del imperio. Se retiró a Jamaica y allí redactó la famosa Carta de Jamaica, donde expuso las razones de esta nueva caída y reiteró su firme convicción sobre la legitimidad de la rebelión de los criollos en América.

Posteriormente, se recluyó en Haití, donde organizó una fuerza de mil hombres para retornar a Venezuela. La misión resultó sumamente compleja, alternando victorias y derrotas por igual que lo obligaron a regresar temporalmente a Haití antes de volver a enfrentar al extendido ejército español. Con el tiempo, logró afianzarse en la ciudad de Barcelona y tomó la provincia de Guayana. En julio de 1817 se apoderó de Angostura (hoy Ciudad Bolívar) y conformó un nuevo Estado, dotándolo de instituciones y de un periódico propio, El Correo del Orinoco. Asimismo, superó con extrema firmeza diversos conflictos internos con algunos de sus lugartenientes, lo que le permitió consolidar de forma definitiva su liderazgo.

En 1819 inauguró el Segundo Congreso de Venezuela (Congreso de Angostura), donde trazó las bases de su ideario político y propuso una Constitución. Poco después, emprendió la campaña para liberar Nueva Granada (actual Colombia), derrotando a los realistas en la decisiva batalla de Boyacá. Tras ingresar a Bogotá, dejó el gobierno en manos del general Francisco de Paula Santander y regresó a Angostura, donde convocó al Congreso y logró la aprobación de la Ley Fundamental de la República de Colombia, que unificaba bajo una misma nación a las actuales repúblicas de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá. Se trataba de un paso político gigantesco que requería, no obstante, de una mayor consolidación territorial y de comprensión social.

De regreso en territorio venezolano, alcanzó una serie de triunfos militares en Mérida, Cartagena y Trujillo, coronados por las victorias definitivas en Carabobo y Puerto Cabello, asegurando así la independencia absoluta de Venezuela. Sin descanso, se dirigió hacia un Ecuador que aún permanecía en manos españolas. Las victorias de Bolívar en Bomboná y de Antonio José de Sucre en Pichincha definieron el conflicto, logrando la incorporación de Ecuador a la República de Colombia.

En este marco se produjo el histórico encuentro de Guayaquil con el general José de San Martín, cuyas deliberaciones exactas siguen siendo un misterio para la historiografía, pero donde se consolidó, de mutuo acuerdo, el liderazgo político y militar de Bolívar para la última etapa de la campaña. Se dirigió entonces al Perú, donde imperaba la anarquía entre las filas patriotas. Reorganizó las fuerzas militares y, tras sufrir graves reveses, el Congreso peruano lo nombró Dictador con facultades extraordinarias para salvar al país. Bolívar retornó al frente con nuevas estrategias: derrotó a los españoles en la batalla de Junín y, poco después, Sucre obtuvo la victoria final en Ayacucho. En 1825, las provincias del Alto Perú se unieron para fundar la República de Bolívar (actual Bolivia), ampliando la soberanía territorial.

La etapa militar de la independencia americana había concluido con éxito; sin embargo, comenzaba la compleja etapa política. Lamentablemente, lo que Bolívar conquistó en el campo de batalla no pudo consolidarse en el terreno de las ideas y de la práctica política diaria. Pesaron más las visiones localistas, los intereses económicos contrapuestos de las elites y la falta de una perspectiva estratégica regional.

En mayo de 1830, acorralado por las divisiones internas, logró que el Congreso de Bogotá aceptara su renuncia a la presidencia. Meses más tarde, tras recibir la trágica noticia del asesinato del mariscal Antonio José de Sucre —uno de los pocos líderes que comprendía cabalmente la importancia de la unidad continental—, Bolívar se retiró a la quinta de San Pedro Alejandrino, en las afueras de Santa Marta (actual Colombia), donde falleció. Las causas exactas de su deceso siguen siendo objeto de debate hasta el día de hoy. Tenía 47 años.

¡Salud, Simón Bolívar! Por tu altura intelectual, tu espíritu incansable y tu entrega absoluta a la causa de la emancipación americana.

Ruben Ruiz - El Pelícano

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