
19 de junio: José Gervasio Artigas, el protector de los pueblos libres y pionero del federalismo rioplatense
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 1764, nacía José Gervasio Artigas Pasqual, militar y héroe rioplatense, defensor del federalismo, de las autonomías provinciales y de la independencia de estas tierras del poder español y de cualquier otro poder extranjero, así como promotor de la soberanía popular y la equidad económica.
Nació en Montevideo, hijo del militar Martín José Artigas Carrasco y de Francisca Antonia Pasqual. Cursó sus estudios primarios en el colegio franciscano de San Bernardino, pero matizaba su tiempo con las tareas rurales. A los doce años se mudó a la chacra familiar, donde aprendió la dura faena del campo, convivió con gauchos e indios y se ejercitó en el arte de cabalgar y manejar armas.
A los 14 años ya recorría la campaña junto a otros amigos. Hay poca información de esos años, pero el mito cuenta que changueaba, compraba ganado y caballos que luego vendía en la frontera con Brasil, así como cueros secos. Allí profundizó su contacto con los gauchos y llegó a vivir con los charrúas.
En 1791 se unió a Isabel Sánchez Velásquez, con quien convivió trece años (hasta la muerte de ella) y tuvo cuatro hijos e hijas. En 1797 se incorporó como soldado al Cuerpo de Blandengues de Montevideo, cuyas misiones eran proteger las fronteras de los avances portugueses y combatir el contrabando. En ese contexto, se encontró con un hombre negro nacido en Montevideo que había sido capturado por los portugueses y reducido a la esclavitud. Lo compró para concederle la libertad; se llamaba Joaquín Lenzina, popularmente conocido como “el Negro Ansina”, quien se transformó en su mejor amigo, su camarada de armas y su memorioso cronista.
Su rutina militar se desarrollaba en las Misiones Orientales, Rio Grande do Sul y Santa Catarina. En 1800 intervino en el reparto de tierras y participó de la fundación de Batoví (hoy São Gabriel) en el sur de Brasil, siendo ascendido al cargo de ayudante mayor. En 1804 lo enviaron a controlar el territorio al oeste de Montevideo, donde vivían los charrúas. Tras ser anoticiado de una operación para aplastarlos en los campos de Arerungá, organizó una serie de maniobras que hicieron fracasar esa masacre. Influyó decididamente para que se entablaran negociaciones y logró que se entregaran 105.000 hectáreas para el asentamiento del pueblo charrúa, habitantes originarios del lugar.
En 1805 pidió licencia por problemas de salud y se reencontró con su prima Rosalía Rafaela Villagrán. Se casaron y la pareja tuvo dos hijas y un hijo. Fue una época de privaciones que capearon tenazmente. Esta relación también estuvo teñida por la tragedia: luego de un aborto, Rosalía enloqueció y quedó al cuidado de una tía materna de Artigas, hasta su fallecimiento en 1824.
En 1806 fue reincorporado a la milicia, organizó un destacamento militar de 300 hombres y participó de la Reconquista de Buenos Aires durante las primeras invasiones inglesas. En 1807, luego de la rendición de la sitiada Montevideo, tuvo una destacada actuación hostigando a los ingleses que retornaban derrotados desde Buenos Aires, logro por el cual fue ascendido al grado de capitán. El 25 de mayo de 1810 se produjo el derrocamiento del virrey Cisneros y el poder virreinal se trasladó a Montevideo.
Artigas adhirió de inmediato al ideario emancipador, pero tuvo que pasar por un trago amargo: las autoridades españolas lo enviaron a Entre Ríos a combatir contra los insurrectos al poder colonial. Tras ser derrotado, reafirmó su decisión de no pelear más contra pueblos que querían su libertad. El 15 de febrero de 1811 desertó del Cuerpo de Blandengues y ofreció sus servicios al gobierno revolucionario de Buenos Aires. Lo nombraron teniente coronel y le dieron el mando de 150 hombres para iniciar la rebelión contra los españoles en su tierra. El 11 de abril emitió la Proclama de Mercedes y asumió la dirección de la revolución en la Banda Oriental. El 18 de mayo derrotó a las fuerzas del nuevo virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío, en la batalla de Las Piedras. Para entonces, ya habían caído Colonia, Minas, Canelones y Rocha. El 21 de mayo Artigas exigió la rendición de Montevideo y sitió la ciudad.
El ejército patriota que ejecutaba el sitio era comandado por Manuel Belgrano, su segundo era José Rondeau y el comandante de la Caballería era José Gervasio Artigas. En julio de 1811 irrumpieron los portugueses en apoyo del virrey, quien sostenía el bloqueo naval de Buenos Aires y dominaba el Río de la Plata, lo que empantanó la situación militar. El gobierno central aceptó la mediación inglesa y pactó el desbloqueo de las dos ciudades, el retiro de las fuerzas patriotas y portuguesas de la Banda Oriental, y la devolución a los españoles de Gualeguaychú, Gualeguay y Concepción del Uruguay.
Por su oposición a este acuerdo, Artigas fue alejado y nombrado teniente gobernador, justicia mayor y capitán del departamento de Yapeyú. Se produjo, entonces, el Camino de la Redota o Éxodo Oriental, con su líder a la cabeza. Se retiraron 16.000 orientales en 1.000 carretas, con sus armas, su ganado y demás pertenencias, custodiados por 400 charrúas. Cruzaron el río Uruguay y se afincaron en Ayuí (al norte de Concordia). Allí establecieron un enorme campamento, constituyeron un gobierno, repartieron tierras, organizaron la economía y comenzaron los contactos con los caudillos del Litoral.
A principios de 1812 se rompió el acuerdo con los españoles y el gobierno de Buenos Aires inició el segundo sitio a Montevideo, comandado por Manuel de Sarratea, enemigo de Artigas. Este último ya dominaba el campo en la Banda Oriental y allí se mantuvo; solo cuando Sarratea se retiró, los orientales y los charrúas se incorporaron al sitio. Artigas y sus fuerzas se pusieron a las órdenes del nuevo comandante, José Rondeau, pero manteniendo la autonomía de mando.
En 1813 se convocó a la Asamblea Constituyente y en el campamento de Artigas se eligieron los diputados de la Banda Oriental. El mandato fue preciso: independencia absoluta, gobierno republicano y federal en el marco de una confederación de las provincias, libertad civil y religiosa, igualdad, libertad y seguridad de los ciudadanos y de los pueblos, independencia de los tres poderes del Estado, y normas para prevenir y combatir el despotismo militar. Era demasiado para el gobierno central.
Los diputados orientales electos fueron rechazados por cuestiones formales y José Rondeau eligió otros, opuestos a los anteriores. Esta decisión elevó la tensión entre Artigas y el gobierno de Buenos Aires. A principios de 1814, las fuerzas orientales abandonaron el sitio de Montevideo y se dirigieron a orillas del río Uruguay. El gobierno central lo declaró traidor a la patria, puso precio a su cabeza y decidió enfrentarlo. El encuentro fue en El Espinillo, donde triunfaron las tropas de Artigas; su prestigio político y militar creció en todo el Litoral y se multiplicó en la Banda Oriental. Inmediatamente, Artigas fundó la Liga de los Pueblos Libres, una unión política inestable con Córdoba (que nunca se integró plenamente), Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la región de las Misiones.
El 23 de junio cayó Montevideo. La tensión se agudizó porque las tropas de Buenos Aires no entregaron la ciudad a los orientales, tal como estaba pactado. Se desató una guerra civil que duró meses, cuyo desenlace inevitable ocurrió el 10 de enero de 1815 en la batalla de Guayabos, donde triunfaron las huestes artiguistas. El nuevo director supremo de las Provincias Unidas, Carlos María de Alvear, accedió a firmar una paz precaria y entregó el control de la Banda Oriental a sus legítimos habitantes.
La Unión de los Pueblos Libres funcionó como un mercado común que protegía a los productores y fomentaba la agricultura. El comercio del Litoral se direccionaba a Montevideo; las máquinas, medicinas y libros no pagaban impuestos y, el 15 de septiembre de 1815, se sancionó el Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el fomento de su campaña y seguridad de sus Hacendados. Esta norma constituyó la primera reforma agraria en Latinoamérica, lo cual resultó intolerable para portugueses, ingleses y porteños.
Los diputados orientales no participaron del Congreso de Tucumán y Brasil comenzó sus ataques en 1817. En 1819, Artigas concibió un plan para salir del asedio: que Santa Fe y Entre Ríos atacaran Buenos Aires y los orientales a Rio Grande do Sul. Efectivamente, las tropas porteñas fueron derrotadas en Cepeda, pero Artigas sucumbió en Tacuarembó. Ante este hecho, el santafesino Estanislao López y el entrerriano Francisco Ramírez aprovecharon la oportunidad para firmar el Pacto del Pilar con el gobierno de Buenos Aires, dejando a la intemperie al líder oriental.
Con las fuerzas diezmadas, más contingentes de correntinos y misioneros, Artigas intentó recomponer el proyecto federal y fue en busca de Pancho Ramírez. Sin embargo, el caudillo entrerriano lo derrotó en la batalla de la Bajada del Paraná y persiguió a sus fuerzas hasta Corrientes y Misiones.
Aislado y sin fuerzas, Artigas solicitó asilo en Paraguay, el cual le fue concedido. Allí transcurrió su largo y forzoso exilio hasta el día de su muerte, acompañado por su amigo y camarada, el Negro Ansina.
¡Salud, José Gervasio Artigas! Por tus principios, por tu gesta enorme que se anticipó a los tiempos y por tu aporte a esta tarea inconclusa que es el nacimiento de la Patria Grande, la cual anida en los corazones y en las luchas populares que recorren América Latina.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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