
15 de junio: Ella Fitzgerald, la inolvidable "Primera Dama de la Canción" que conquistó el mundo
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 1996, se despedía Ella Jane Fitzgerald, la más grande cantante estadounidense de jazz que también descolló en sus interpretaciones de blues, swing, bossa nova, samba, góspel, calipso y pop. Un fenómeno artístico que, junto a Billie Holiday y Sarah Vaughan, constituyó el trío femenino más influyente y determinante de la historia del jazz.
Nació en 1917 en la ciudad de Newport News, en el estado de Virginia. Fue hija de William Fitzgerald, conductor de trenes, y de Temperance Fitzgerald, lavandera. Cuando Ella tenía pocos años de vida, su padre abandonó el hogar y la pobreza precaria en la que vivían se transformó en extrema. Al poco tiempo, se mudaron junto al nuevo novio de su madre, Joseph Da Silva, a la ciudad de Yonkers, en el estado de Nueva York. En 1923 nacería su hermana, Frances. En 1932 falleció su madre en un accidente de tránsito y comenzaron los dolorosos episodios de abusos por parte de Da Silva.
En ese complejo contexto, su tía Virginia se hizo cargo de la pequeña Ella. No logró escapar de la pobreza material pero sí de los abusos. Tuvo una infancia y adolescencia con una conducta difícil: faltaba a la escuela, le gustaba cantar en las calles del barrio mientras su primo pasaba la gorra luego de las actuaciones, jugaba al básquet callejero y se enfrentaba seguido con la policía. La droga y la prostitución eran vecinos cercanos en su entorno cotidiano. Sin embargo, su afición al baile y al canto funcionó como una influencia sanadora. Cantaba en un club escolar y en el coro de la Bethany African Methodist Episcopal Church, espacio donde perfeccionó su voz y aprendió las nociones básicas del piano.
En 1933 ingresó al State Training School for Girls de Nueva York, un reformatorio del que se escapó en 1934. Ese mismo año su vida cambió para siempre. Se presentó a un concurso de aficionados en el célebre Teatro Apollo de Harlem, en el que inicialmente pensaba participar como bailarina. Sin embargo, los nervios la paralizaron sobre el escenario y, en una decisión de último momento, optó por cantar. Deslumbró a los presentes con las canciones “Judy” y “The Object of My Affection”, obteniendo el primer premio. Entre los asistentes se encontraban el saxofonista Benny Carter y el baterista Chick Webb —quien luego sería un pilar en su carrera—, quienes apreciaron de inmediato el brillo y el tono de su voz. Carter la convenció de firmar para la Harlem Opera House y Webb le propuso sumarse a su prestigiosa formación. Ella aceptó el desafío y durante 1935 comenzó a cantar formalmente en la Chick Webb Band.
Su centro de operaciones principal fue el mítico Savoy Ballroom de Harlem. Junto a esta banda grabó más de 150 canciones donde prevalecían las baladas, el pop y el swing pero, curiosamente, su definitivo ingreso a la fama masiva se debió a una particular versión de una canción de cuna tradicional: “A-Tisket, A-Tasket”. En 1939, Chick Webb falleció a causa de la tuberculosis ósea que padecía. Ella asumió entonces la dirección de la agrupación, que adoptó el nombre de Ella Fitzgerald and Her Famous Orchestra, iniciando una extensa e importante gira.
En 1941 decidió separarse de la banda y comenzó su exitosa carrera solista. Hacia 1946 empezó a cantar regularmente en los conciertos organizados por Norman Granz —quien se convirtió en su manager definitivo—, realizó una gira con la orquesta de Dizzy Gillespie y adoptó un nuevo estilo musical: el bebop, una vertiente del jazz mucho más rápida, con ritmos acelerados y asimétricos pero con un sonido vocal más suave. En 1947 se casó con el contrabajista Ray Brown, con quien estuvo unida hasta 1953 y con quien adoptó un hijo.
Su popularidad internacional creció exponencialmente de la mano de grabaciones como "Lady Be Good", "How High the Moon" y "Flying Home", así como de sus colaboraciones históricas con Louis Armstrong, Duke Ellington, Cole Porter y Charlie Parker. Perfeccionó una técnica vocal y la desarrolló de una manera inimitable: el scat, una técnica de improvisación de sílabas, ritmos y melodías que le permitía usar su propia voz como si fuese un instrumento musical más, mediante onomatopeyas cambiantes sobre la base musical del tema (biri, ba, bip, ba, bap, bi, bap, leru, leru, bap…).
En 1955 firmó para el prestigioso sello discográfico Verve y comenzó otra etapa brillante en su producción. Grabó los famosos Songbooks con las composiciones de los grandes autores del jazz, y reversionó junto a Louis Armstrong la ópera de George Gershwin Porgy and Bess, dejando para la posteridad una imprescindible y mágica interpretación del clásico “Summertime”.
En 1960 brindó un célebre concierto en la Deutschlandhalle de Berlín, el mismo recinto donde años atrás Adolf Hitler había condenado públicamente a los intelectuales Kurt Weill y Bertolt Brecht con sus discursos mesiánicos. El recital de Ella concluyó con un final apoteósico interpretando “Mack the Knife” ante un público de pie. Fue un justo homenaje histórico que consolidó a Fitzgerald como un ícono de la cultura con respeto a nivel mundial.
Luego de atravesar una grave enfermedad que la mantuvo apartada del trabajo musical durante casi una década, regresó a los estudios y los escenarios para grabar con figuras como Count Basie, Dizzy Gillespie, Oscar Peterson, Quincy Jones y Joe Pass, participando además en numerosos festivales internacionales que reafirmaron su inigualable condición interpretativa y su intacta fuerza vocal. En 1986 superó una compleja operación a corazón abierto, pero sus problemas físicos continuaron agudizándose debido a afecciones respiratorias, agotamiento crónico y una severa diabetes que derivó en la amputación de ambas piernas. Finalmente, el 15 de junio de 1996, luego de pasar una hora a solas en el patio trasero de su residencia, abrazó a su hijo y a su nieta y se despidió con una frase contundente: "Estoy lista para irme ahora". Partió en paz, con todas sus heridas y sus emociones resueltas.
Su prodigiosa voz alcanzaba cómodamente el rango de tres octavas, poseía una vocalización perfectamente clara, un tono brillante y eternamente joven, una capacidad de improvisación asombrosa y un carisma escénico envolvente. Su perseverancia para superar el dolor y las situaciones dramáticas de su vida fue verdaderamente arrolladora.
Su alias, ganado con poética justicia, permanece en la historia: “La Dama de la Canción”.
¡Salud, Ella Fitzgerald! Por tu enorme voz, por tu talento para improvisar desde las entrañas, por tu fiereza para derrotar los abusos, la discriminación y el desconsuelo, transformándolos en arte vital.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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