
13 de junio: Augusto Roa Bastos, el supremo de las letras hispanoamericanas que desafió al poder
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 1917, nacía Augusto José Antonio Roa Bastos, narrador, poeta, guionista, periodista, profesor y conferencista paraguayo. Es considerado uno de los mejores escritores latinoamericanos del siglo XX y uno de los intelectuales que pasó más tiempo en el exilio forzado debido a sus convicciones políticas.
Fue hijo de Lucio Roa, de ascendencia española y empleado de un ingenio azucarero, y de Lucía Bastos, de ascendencia franco-portuguesa, una mujer culta, sensible, incansable y optimista que condujo a su hijo al temprano encuentro con la literatura, especialmente a través de la lectura de la Biblia y de las obras de William Shakespeare.
Nació en la ciudad de Asunción, pero a los pocos meses su familia se mudó a Iturbe, en el departamento de Guairá. En aquel rincón habitado por paraguayos de pura cepa e inmigrantes italianos, españoles y húngaros —trabajadores humildes y pudorosos— transcurrió su infancia. Su padre no quería que fuera a la escuela para evitar que se "contaminara" con la lengua guaraní; él mismo le daba clases particulares, hacía sonar una pequeña campana por la mañana y le preparaba las tareas. Sin embargo, todo fue inútil: Augusto se escapaba para jugar con sus amigos de la infancia con quienes aprendía el guaraní, las costumbres y los mitos originarios de su tierra.
Aquel fue su primer enfrentamiento con la exageración del poder: el paterno. Luego le tocaría enfrentarse al poder del cura del pueblo, del dueño del ingenio azucarero y de los dictadores de su país. En realidad, su lucha fue siempre contra la injusticia que generaba ese poder omnímodo, asfixiante, insensato y unilateral.
A los ocho años fue enviado a Asunción al cuidado de su abuelo, el obispo Hermenegildo Roa, un hombre severo pero de mente abierta. Allí se encontró con la literatura de los clásicos españoles y también con el pensamiento de Voltaire y Rousseau. El secundario lo cursó en condición de pupilo en el Colegio San José. Con apenas quince años, ante el estallido de la Guerra del Chaco, interrumpió sus estudios y se alistó como voluntario. Lo destinaron como auxiliar de enfermería y aguatero, una experiencia que grabó en su mente vivencias que luego se transformarían en insumos esenciales para sus futuras obras literarias, siendo Lucha hasta el alba la primera de ellas.
Terminada la guerra, retornó a la vida civil y trabajó como empleado del Banco de Londres y como periodista en el diario El País, del que llegó a ser secretario de redacción. En 1942 se casó con Lidia Mascheroni, con quien tuvo tres hijos (una hija y dos hijos) y con quien partiría tiempo después al exilio. Ese mismo año publicó El ruiseñor de la aurora, una obra de poesía que nunca le satisfizo. En 1944 integró el grupo intelectual “Vy'a Raity” (“Nido de la alegría”, en guaraní) junto a Josefina Plá, Hérib Campos Cervera, Elvio Romero, Óscar Ferreiro y Hugo Rodríguez Alcalá. Fue el momento de su encuentro conceptual con Sigmund Freud y Karl Marx, pero también con la literatura de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez y William Faulkner, iniciando así la renovación de la poesía paraguaya.
En 1945 viajó a Gran Bretaña invitado por el British Council y como corresponsal de guerra de El País. Trabajó en la cadena BBC, entrevistó a Charles de Gaulle y André Malraux en Francia, y asistió como periodista a los juicios de Núremberg. Sus notas eran publicadas con marcado éxito en su país. A su regreso, se produjo un frustrado golpe de Estado contra el dictador Higinio Morínigo que dio paso a una cruenta guerra civil, la cual finalizó con la derrota de los sublevados y un saldo de 30.000 civiles y militares muertos.
El ministro de Hacienda de entonces, Juan Natalicio González, ordenó la captura de Roa Bastos bajo el pretexto de una supuesta filiación comunista. Las fuerzas policiales ingresaron a su domicilio y el escritor logró esconderse en el tanque de agua de la vivienda durante dos días. Tras escapar, se refugió en la embajada de Brasil hasta que, tres meses después, le otorgaron un salvoconducto para salir del país junto a su familia. Comenzaba así su largo exilio forzado, siendo su primer y más dilatado destino la República Argentina.
En Buenos Aires trabajó de diversas profesiones para subsistir: corredor de seguros en la firma La Continental, cartero, vendedor de objetos de oro y plata, vendedor de repelentes, mozo de dormitorio en un albergue transitorio, corrector en el diario Clarín, autor teatral y guionista cinematográfico. Asimismo, ganó por concurso la cátedra de cine en la Universidad Nacional de La Plata. En 1953 publicó su primer libro de cuentos, El trueno entre las hojas, obra en la que describía de manera descarnada la explotación de los obreros en los yerbales paraguayos, el choque de cosmovisiones entre el guaraní y el extranjero, la ruptura del primitivo orden mágico ante la irrupción del poderoso, la miseria extrema y la lucha esperanzada por la dignidad, todo enmarcado en un naturalismo riguroso con pinceladas de grotesco dramático.
En 1960 publicó el poemario El naranjal ardiente y una novela que lo distinguió como un adelantado del modernismo sudamericano: Hijo de hombre. En esta obra se cruzan los relatos del protagonista principal y de los personajes aludidos por él, viajando por el interior paraguayo, conviviendo con la lengua y los mitos guaraníes entrelazados con el español, para develar el peso de la tragedia histórica de su pueblo entre la Guerra de la Triple Alianza y las primeras décadas del siglo XX.
Su producción literaria crecía a paso firme. Se publicaron sucesivamente sus libros de cuentos El baldío, Los pies sobre el agua, Madera quemada y Moriencia, hasta que en 1974 llegó el título que lo catapultó a la consagración internacional definitiva: Yo, el Supremo.
La novela constituye una precisa descripción del ejercicio del poder absoluto y sus consecuencias individuales y colectivas. A través de un relato en primera persona sobre los 26 años de gobierno del revolucionario y dictador perpetuo José Gaspar Rodríguez de Francia, se entremezclan otras voces, documentos e informes para que el lector sopese la historia desde su propia visión. Es un retrato realista, sin demonizaciones ni subestimaciones del grado dramático de autoritarismo y aislamiento que se vivió en aquella época. Al mismo tiempo, representa una búsqueda estética de la “oralidad escrita” guaraní mixturada con el castellano, lo que puebla la obra de neologismos, deformaciones y juegos lingüísticos exquisitos.
En 1976 debió escapar de otra dictadura sangrienta, esta vez en la Argentina. Recaló en la ciudad francesa de Toulouse, más precisamente en el número 11 de la rue Van Gogh, donde vivió hasta su retorno definitivo a América. Fue nombrado profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Toulouse, donde creó el Curso de Lengua y Cultura Guaraní y el Taller de Creación y Práctica Literaria. El 30 de abril de 1982 intentó ingresar brevemente a su patria para registrar a su hijo Francisco; sin embargo, fue detenido por las fuerzas del régimen bajo la excusa de que difundía literatura marxista, siendo posteriormente deportado y despojado de su pasaporte paraguayo.
A raíz de este atropello, España le concedió la ciudadanía honoraria. Se transformó entonces en un estandarte internacional de la lucha contra la opresión de su país, convirtiéndose en el embajador no oficial del Acuerdo Nacional en Europa. En febrero de 1986 publicó su célebre Carta abierta al pueblo paraguayo, de gran repercusión política y social en su tierra. En 1989, tras la caída del dictador Alfredo Stroessner, regresó al Paraguay, recuperó su pasaporte y terminó con su autoimpuesto ostracismo literario, publicando obras como Vigilia del Almirante, El fiscal, Contravida, Madama Sui, la versión teatral de Yo, el Supremo y la pieza dramática La tierra sin mal.
Sin embargo, no se radicó inmediatamente en su país, sino que continuó viajando e impartiendo diversas conferencias internacionales. En 1996 se estableció definitivamente en Asunción y participó activamente en el Partido Encuentro Nacional, conducido por el médico Carlos Filizzola, con el objetivo de aportar a la consolidación de la democracia y enfrentar electoralmente al Partido Colorado. En el año 2000 se retiró de esa agrupación política, retomó sus participaciones en eventos culturales, se desempeñó como asesor de una agencia gubernamental y promovió la creación de un partido de corte feminista.
En 2001 publicó, en colaboración con Alejandro Maciel, Omar Prego Gadea y Eric Nepomuceno, la novela Los conjurados del quilombo del Gran Chaco, una obra que cruza el realismo y la ficción para describir el entramado de heroísmo, traiciones, ejecuciones y fanatismos que convivieron en la época de la Guerra de la Triple Alianza. Se trató de un valioso collage literario escrito a cuatro manos por autores de las cuatro naciones involucradas en ese desgraciado conflicto bélico.
Sensible, parsimonioso, apasionado, creativo, narrador puntilloso e implacable contra la naturaleza del poder en cualquier escala, Roa Bastos fue un creador perseverante y un miembro destacado del club de los innovadores literarios de nuestro continente. Falleció en abril de 2005.
¡Salud, Augusto Roa Bastos! Por tu originalidad para develar lo que el poder y la historiografía oficial quisieron ocultar, por la profunda sonoridad de tu literatura, y por tu firmeza e imaginación para sostener con coherencia tu prédica por la libertad y la justicia.
Ruben Ruiz - El Pelícano


12 de junio: Amadeo Carrizo, el innovador del arco que cambió la historia del fútbol

11 de junio: Manuel Dorrego, el coronel del pueblo y mártir del federalismo republicano

10 de junio: Día de la afirmación de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes

9 de junio: Les Paul, el genio revolucionario que se convirtió en el padre de la guitarra eléctrica

Calendario de las vacaciones de invierno 2026, cuándo caen en cada provincia

La Matanza: realizarán un "Fan Fest" en el predio de la UNLaM para ver el debut de Argentina en el Mundial

Almirante Brown: realizarán una "misa ricotera" en homenaje al Indio Solari en el Parque Don Orione

14 de junio: Osvaldo Dragún, el motor del teatro independiente y la resistencia cultural


