
30 de abril: Martín Karadagian, lucha bizarra y superhéroes inimitables
Diario Bonaerense
Nació en un conventillo muy humilde de Carlos Calvo y Defensa, en el barrio de San Telmo, ciudad de Buenos Aires. Hijo de Paulina Fernández, española, y de Hamparzun Karadayijan, armenio de profesión carnicero. Su infancia fue muy dura, rodeado de pobreza y de los maltratos físicos a los que lo sometía su padre. Cursó solo el primer año de la primaria y al año siguiente comenzó a trabajar como ayudante en la carnicería de su progenitor. Pero su sueño era trascender esa realidad y encontrar otros caminos.
No rehuyó los rebusques de la calle. Siendo lustrabotas, compraba cajones, los acondicionaba y los alquilaba a otros pibes de Constitución para que trabajaran en su métier. Con su amigo Media Gamba compraban paquetes de caramelos a los que ensuciaban con barro, de tal manera que les daban unas monedas pero también les devolvían los paquetes que habían aceptado.
A los 10 años comenzó lucha libre y grecorromana en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Simultáneamente, seguía en la carnicería de su padre en el “Mercado del Sur”, en el barrio de Constitución. La historia cuenta que a los 12 años fue campeón panamericano infantil de lucha libre en Detroit y a los 16 años campeón mundial de lucha libre de cadetes mayores en Londres. A su vuelta, abrió su propio local, carnicería “El Negro”, en el mismo “Mercado del Sur”. La casualidad quiso que en ese predio estuviera la peluquería del albanés Lázaro Koci, descubridor de “El Mono” Gatica, Pascual Pérez y Eduardo Lausse.
En esa época creció un deporte traído de Europa que se llamaba catch as catch can (“agárrese como pueda” en inglés), cuya inmediata traducción porteña fue: cachacascán. La popularidad era tal que los combates se realizaban en el Luna Park a lleno total. Un día Martín se animó y le pidió a Lázaro Koci que lo hiciera entrar en el Coliseo porteño. Lázaro aceptó. Había un problema: Martín medía 1,65 m y los otros luchadores eran muy altos y experimentados. Recibió varias palizas pero insistió. Quien dirigía esa troupe era el Hombre Montaña, un ucraniano llamado Iván Zelezniak, que también luchaba y vivía en un primer piso frente al Luna. En otro rapto de audacia, Martín se puso una media res en cada hombro y se presentó en el departamento del hombre, que sorprendido lo atendió en la puerta. “Así subí por la escalera y ahora voy a bajar…", le dijo Karadagian. Impactado por su fuerza física, el ucraniano lo incorporó al equipo. Aprendió las técnicas, los códigos y las trampas del espectáculo.
A partir de 1947 luchó regularmente. Fue subcampeón durante cinco temporadas (siempre detrás del Hombre Montaña); a partir de 1952 fue campeón durante seis temporadas y creció su popularidad, lo que le permitió transformar un deporte con mucho público en un fenómeno popular mayor. De hecho, el friso que decora el Coliseo de la calle Corrientes representa cuatro deportes: el boxeo, el básquetbol, el patinaje y la lucha.
En 1957 debutó como actor. Representó a un luchador en el ocaso que mata accidentalmente a un contrincante en el cuadrilátero en la película Reencuentro con la gloria y al año siguiente actuó como el tenebroso dueño de un castillo en Las aventuras del Capitán Piluso en el castillo del terror junto a Alberto Olmedo. Una vez más tuvo una idea extravagante y eficaz: pactó una pelea entre él y el Capitán Piluso en el Luna Park. En noviembre de 1961 se realizó el combate que denominaron “El desafío del siglo”. La repercusión fue tremenda: hubo 30.000 personas.
El éxito del evento llevó a los directivos de Canal 9 a ofrecerle un espacio televisivo. El 3 de marzo de 1962 a las 22:30 horas se emitió el primer programa de “Titanes en el Ring” que, rápidamente, se transformó en otro éxito. En esa primera etapa todavía estaba dirigido a los adultos. Bizarro, épico, global, inolvidable. Quienes pudimos verlo recordaremos siempre a sus personajes y sus circunstancias: Martín Karadagian, el campeón mundial con su secretario privado Joe Galera y su seguidora, La viuda de las flores rojas.
La Momia, El Caballero Rojo, El Indio Comanche, Pepino El Nueve, El Ancho Rubén Peucelle, Tufic Memet, Mercenario Joe, Míster Chile, Il Commendatore Benito Durante, Ararat el Armenio, El Vikingo, Tenembaum, José Luis El Español, Don Quijote y Sancho Panza, El Gitano Ivanoff, Míster Moto, Ulises El Griego, Taras Bulba, Gengis Khan, Hippie Hair, El Vasco Pedro Goytía, El Gran Sullivan, Diábolo, El Coreano Sun, Il Gondolieri o Kanghai El Mongol, entre otros.
Fue un programa que no descuidaba los detalles. Brillaban también los árbitros: primero el Conde Schiaffino y luego el corrupto William Boo. Los luchadores estaban rodeados por personajes secundarios que también quedaron en el recuerdo: El hombre de la barra de hielo, El fotógrafo, El Tío Rico o El pibe del estornudo. Y los maestros de ceremonias: primero Víctor Andris y luego Jorge Bocacci, el que les recomendaba a los chicos que no hicieran estas cosas en sus casas. Durante los primeros años, la música introductoria era el segundo movimiento de la banda sonora de la película Espartaco; después cada personaje tuvo su tema.
Una mención especial para el relator de las peleas: Rodolfo Di Sarli. El bahiense transmitía emoción y suspenso a la lucha pero, además, fue el autor intelectual del programa, la mano derecha de Karadagian y el compositor de los temas de presentación de cada catcher. Se juntaban para investigar sobre las escuelas de lucha que había en diferentes países, contratar luchadores y leer libros de historia para generar personajes que tuvieran impacto inmediato.
Los técnicos de televisión también fueron un punto fuerte. La dinámica de las peleas y el espectáculo imprevisible los obligaba a desarrollar habilidades novedosas para captar los momentos emotivos y evitar tomas que develaran los secretos del catch. Los primeros camarógrafos en Canal 9 fueron el trío Buranits, Onofrio y Nalli, y el primer director fue José Manuel Durán.
“Titanes en el Ring” también realizó giras por Uruguay, Chile, Paraguay y Costa Rica con un éxito rotundo. Después de varios años, el programa tuvo una sucesión televisiva con “100% lucha”; se filmaron películas, se grabó un long play con las canciones, se vendieron muñequitos en los chocolatines Jack y salió a la venta un álbum de figuritas.
Karadagian también tuvo su lado complicado. Era amarrete con los salarios y poco claro con los aportes previsionales, hecho que lo llevó a perder un juicio millonario promovido por algunos de sus excompañeros. En 1991, una diabetes prolongada se llevó al campeón mundial de catch e inventor del indudablemente argentino “Titanes en el Ring”.
Salú Martín! Por tu imaginación delirante y bizarra que fue parte de nuestra infancia (y primera adolescencia también), por el cortito, las palancas, la patada voladora, el piquete de ojos, el látigo y la doble Nelson.
Un querible integrante de nuestra popular imaginaria junto con su barra luchadora…
Ruben Ruiz - El Pelícano


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