
Viltipoco: El guerrero omaguaca que hizo temblar el dominio español en el Norte
Diario Bonaerense
Probablemente un día como hoy, en algún pasaje del siglo XVI, nacía Viltipoco, cacique de los omaguacas, curaca de Purmamarca y estratega militar que lideró una de las resistencias más feroces contra la invasión española en la región de la Cincumpuna. Su figura, grabada en la memoria de los pueblos del Noroeste argentino, representa la lucha contra la opresión de la encomienda y la defensa de la identidad territorial.
La conquista en la Gobernación del Tucumán fue un proceso de violencia extrema. Mientras pueblos como los pulares o diaguitas eran sometidos, los omaguacas y cacanes resistieron con éxito, refugiándose en la geografía agreste de la Quebrada de Humahuaca y los Valles Calchaquíes. Viltipoco, fogueado en las primeras rebeliones junto a Juan Calchaquí, emergió como un líder capaz de unificar a diversas etnias —tumbayas, uquías, chichas, lules y apatamas— para conformar una tropa de 10.000 guerreros bajo métodos confederales de acción.
Durante años, Viltipoco enloqueció a las tropas coloniales con ataques sorpresivos y repliegues rápidos hacia los pucarás, construcciones de piedra casi inaccesibles. Su armamento era sencillo pero efectivo: flechas con puntas de cuarcita, hondas de lana y mazas de piedra. Además, contaba con una sólida retaguardia agrícola que le proveía maíz, papa lisa, quinoa y oca, garantizando el sustento en una dinámica bélica de desgaste permanente. Su teatro de operaciones abarcaba lo que hoy es Jujuy, Salta, Tucumán, La Rioja y el sur de Bolivia.
En 1594, el cacique planeaba una sublevación general que prometía expulsar definitivamente al invasor. Sin embargo, tomó una decisión que resultaría fatal: demorar el ataque para priorizar la época de cosecha. Ese intervalo permitió que una brigada española se infiltrara en Purmamarca, detectara su paradero y lo capturara por sorpresa durante la noche. Los relatos locales mencionan que Viltipoco luchó hasta caer herido frente al histórico algarrobo que aún se mantiene en pie frente a la iglesia del pueblo.
Tras su captura, fue trasladado a una cárcel en Santiago del Estero, donde murió en el anonimato y la oscuridad de su celda. No obstante, su ejemplo no se extinguió; décadas después, líderes como Juan Chalimín retomarían su bandera en las guerras calchaquíes. Las historias de estos jefes étnicos siguen atravesando generaciones en el noroeste, recordándonos la vigencia de una resistencia que se niega a ser olvidada.
Salú Viltipoco y a todos los líderes que defendieron la tierra con el cuerpo y el alma!
Ruben Ruiz - El Pelícano



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