
José Pedroni: El “poeta nacional” de las cosas sencillas y la “pampa gringa”
Diario Bonaerense
Un día como hoy pero de 1968 se despedía José Bartolomé Pedroni Fantino, poeta argentino, cantor de la pampa “gringa”, de sus personajes y paisajes, de su ritmo campero y de sus costumbres nacidas en la lejanía. Fue el cronista de la adaptación parsimoniosa de aquellos inmigrantes a la “llanura sin árboles” que los cobijó huyendo de la miseria. Hijo ilustre de Esperanza, su ciudad adoptiva, Pedroni supo transformar el trabajo cotidiano en la más alta expresión lírica.
Nació en 1899 en Gálvez, provincia de Santa Fe. Fue el octavo hijo de la pareja formada por Felisa Fantino, costurera, y Gaspar Pedroni, albañil de cuchara en mano (muratore), inmigrantes piamonteses y colonizadores de una tierra benefactora. Su niñez transitó entre la escuela, las correrías callejeras y el trabajo de ayudante de albañil junto a su padre: abarajar ladrillos, remover la cal y levantar paredes. Esa mixtura de lenguas inmigrantes y pobreza llevada con dignidad marcó su pulso literario.
En 1912 se mudó a Rosario para cursar estudios comerciales e idiomas. Finalizados sus estudios, trabajó como tenedor de libros en varias colonias agrícolas, donde aprendió a cantar con los cosecheros. En 1923 se aquerenció en la localidad de Esperanza, colonia agrícola situada a cuarenta kilómetros de la capital santafecina. Allí ingresó en la contaduría de la empresa de herramientas agrícolas Schneider, donde trabajó 35 años hasta su jubilación. Ese mismo año publicó su primer libro, La gota de agua, una obra de tono campero e íntimo con poemas claros como “Canto a la lluvia” o “La primera yugada”.
En 1926 publicó Gracia plena, donde desgranó una visión detallada de la vida de campo con versos de estilo franciscano. Esta publicación llegó a manos de Leopoldo Lugones, quien escribió una nota en el diario La Nación exaltando los poemas de Pedroni, a quien popularizó como “el hermano luminoso”. Fue un quiebre en su reconocimiento popular: ya no se trataba solo de Esperanza o Santa Fe, su nombre resonaba en todo el país.
Su obra continuó con Pan nuestro (1941), donde retrató el mundo de la fábrica, la oficina y el salario. Su sensibilidad social lo acercó al Partido Comunista, expresando una mirada humanista y comprometida. En 1956 publicó su obra más apreciada por la crítica: Monsieur Jaquín, un poemario pleno de orgullo que homenajea a los fundadores de la Primera Colonia Agrícola Organizada del país. Allí, la figura del carpintero solitario, violinista y poeta resume esa mixtura de trabajo y arte que Pedroni tanto admiraba.
En sus últimos años, publicó Cantos del hombre (1960), influenciado por el Grito de Alcorta y la gesta latinoamericana, y El nivel y su lágrima (1963), un orgulloso homenaje a su procedencia obrera. En sus propias palabras: “Canto a todas las herramientas del hombre y de la mujer... por aquello que representa la civilización manual”. Su corazón dejó de latir en un tranquilo verano marplatense, pero sus versos siguen regando la tierra gringa que tanto amó.
Salú José Pedroni! Te recordamos con una frase que representa tu trajinar por estos lares revueltos: “La honestidad es la primera condición de la estética”.
Ruben Ruiz - El Pelícano



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