
A diez años de Ni Una Menos: la deuda sigue siendo con nosotras
María Emilia Failde
Este año, Ni Una Menos no se movilizará el 3 de junio como es habitual, sino el miércoles 4. La decisión responde a un gesto de solidaridad: confluir con jubilados, trabajadores estatales, científicos y profesionales de la salud que se manifiestan cada miércoles frente al Congreso. La consigna que une a todas estas voces es clara: “La deuda es con nosotras”.
El 3 de junio de 2015, miles de personas salieron por primera vez a las calles en todo el país para decir basta a los femicidios. El asesinato de Chiara Páez, una adolescente santafesina de 14 años, a manos de su novio, fue el caso que encendió la mecha. Pero el dolor venía de antes: venía acumulándose entre madres, amigas, hijas y militantes que no encontraban respuestas del Estado frente a una violencia que se cobraba —y sigue cobrándose— vidas a diario.
Desde entonces, Ni Una Menos no sólo se convirtió en una consigna, sino en un movimiento transversal que impulsó leyes clave como la de paridad de género, el cupo laboral travesti-trans y la legalización del aborto. También abrió debates profundos sobre los vínculos, la justicia, la economía y el rol del Estado.

A diez años, sin embargo, muchas de esas conquistas están en riesgo.
Desde la asunción de Javier Milei, se desmantelaron estructuras claves del Estado que acompañaban a mujeres y diversidades. El Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad fue cerrado; los programas de asistencia económica y acompañamiento a víctimas fueron paralizados; y los fondos destinados a políticas públicas con perspectiva de género sufrieron un recorte del 60% en términos reales, según informes de organizaciones feministas.
“No hay plata” es la frase que se escucha desde el Gobierno, mientras se multiplican los femicidios, se caen las redes de cuidado y miles de mujeres enfrentan la precarización laboral, la pobreza y la falta de acceso a la salud. Según el Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven, en lo que va del año hubo 108 femicidios en el país. Es decir, una mujer asesinada cada 31 horas.
Frente a este escenario, la marcha del 4 de junio busca recuperar el espíritu colectivo y callejero de aquel primer Ni Una Menos, pero también sumar otras urgencias: la defensa de la salud pública, la educación, las jubilaciones, el trabajo y la cultura. Porque la violencia no es sólo un golpe: también es un Estado ausente. Y frente a eso, la respuesta sigue siendo la misma: el encuentro en las calles.

A las 16 horas, la Plaza Congreso será nuevamente el punto de encuentro. Desde hace semanas, cada miércoles distintos sectores vienen concentrándose allí: jubilados, profesionales de la salud, científicos, artistas, trabajadores del Estado. Esta vez, la convocatoria de Ni Una Menos se suma a esa jornada de lucha, en una confluencia que expresa el malestar social frente al ajuste y la necesidad de defender derechos básicos.
Diez años después, el mensaje se mantiene firme: vivas, libres y con derechos nos queremos. Y en tiempos de ajuste, más que nunca, la deuda es con nosotras.



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