
9 de mayo: Sophie Scholl, coraje civil y ejemplo humano
Diario Bonaerense
Nació en el pueblo de Forchtenberg am Kocher, Alemania. Hija de Magdalene Müller y de Robert Scholl, alcalde del pueblo, fue educada bajo los preceptos del luteranismo y con una perspectiva librepensadora. En su casa se oponían al nazismo, tema recurrente en las conversaciones familiares.
A los doce años se unió a las juventudes hitlerianas, al igual que su hermano mayor Hans, pero ambos comprendieron rápidamente que había sido un error. Se graduó del secundario con una tesis titulada: “La mano que mueve la cuna es la mano que mueve el mundo”. En 1937, el encarcelamiento de sus hermanos y amigos terminó de transparentar la macabra realidad del régimen.
Trabajó como maestra jardinera y cumplió el servicio auxiliar de guerra antes de ser incorporada obligatoriamente como obrera en una fábrica de armamento bélico. En 1942 se mudó a Múnich para estudiar Biología y Filosofía. Ese año, con el inicio de las deportaciones masivas de judíos, su compromiso creció.
Un día encontró un panfleto en la universidad que reflejaba exactamente su pensamiento. Al comentarlo con su hermano, descubrió que él era el autor. Así supo de la existencia de La Rosa Blanca, una organización de resistencia pacífica integrada por estudiantes como Alexander Schmorell, Christoph Probst, Willie Graf y el profesor Kurt Huber. Sophie pidió incorporarse de inmediato.
Su acción fue profusa: realizaban pintadas contra el nazismo y, con un mimeógrafo, imprimían volantes que enviaban por correo o dejaban en pasillos universitarios. Sophie era una pieza clave: compraba papel y estampillas en diferentes lugares y, gracias a su aspecto juvenil, lograba sortear los controles de la Gestapo para despachar los envíos.
Sus panfletos eran demoledores: “Nada es tan indigno de una nación como permitir que sea gobernada por una casta que ha cedido a los bajos instintos”, decía el primero. El segundo denunciaba el asesinato de 300.000 judíos, calificándolo como un crimen contra la dignidad humana. Llamaban al sabotaje de la maquinaria bélica y advertían que Hitler llevaba al pueblo alemán hacia el abismo.
La noche en que se supo de la derrota alemana en Stalingrado, el grupo pintó "Libertad" y "Abajo Hitler" en varios edificios. Pero la mañana del 18 de febrero de 1943, un empleado de maestranza afiliado al partido nazi vio a Sophie y a Hans repartiendo folletos y los denunció. Fueron detenidos y torturados durante semanas. Los nazis se ensañaron con Sophie al descubrir que era una de las integrantes más activas.
El 22 de febrero de 1943, Sophie, Hans y Christoph Probst fueron condenados a muerte y ejecutados. Sus compañeros corrieron la misma suerte poco después. Willie Graf, antes de morir, aseguró: “Ellos continuarán lo que nosotros hemos comenzado”.
Las últimas palabras de Sophie resuenan diáfanas: “Un día tan lindo y soleado y yo me tengo que ir. ¿Qué importa mi vida si, a través de nuestras acciones, otros se despiertan?”. Tenía apenas 21 años.
¡Salú, Sophie! Por tu coraje en medio de la locura, por tu resistencia indoblegable y por tu joven grandeza que plantó verdades en un tiempo fatal.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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