
10 de abril: Dolores Huerta, el grito de "Sí se puede" en los campos de EE. UU.
Diario Bonaerense
Nació en el pueblo minero de Dawson, Nuevo México. Hija de Juan Fernández, minero y activista sindical, y de Alicia Chávez, dueña de un pequeño hotel donde alojaba gratuitamente a familias campesinas pobres. Esta disciplina y autonomía materna marcaron su camino. Tras graduarse como maestra, Dolores abandonó la enseñanza al ver que el hambre de sus alumnos les impedía aprender: “Pensé que podría hacer más organizando a los campesinos que intentando enseñar a sus niños hambrientos”, sentenció.
En 1955 comenzó su formación en organización comunitaria en la Organización de Servicios a la Comunidad (CSO), donde conoció a César Chávez. Juntos enfrentaron la discriminación y la brutalidad policial. En 1960, Dolores creó la Asociación de Trabajadores Agrícolas (AWA) para incluir a indocumentados en servicios de salud y lograr que los procesos electorales fueran accesibles en español. Su presión fue clave para revocar el Programa Bracero, que permitía condiciones de semiesclavitud en los campos de California.
En 1962 cofundó junto a Chávez la Asociación Nacional de Trabajadores del Campo (NFWA). Su capacidad negociadora fue brillante: en 1963 logró el seguro de discapacidad para trabajadores agrícolas en California. Lideró la huelga de la uva que duró cinco años y movilizó a más de 5.000 trabajadores. Bajo el lema de la no violencia y la perseverancia, logró que las grandes corporaciones vitivinícolas firmaran convenios colectivos históricos.
Su lucha no solo fue contra las empresas, sino también contra el uso de pesticidas que dañaban la salud de peones y consumidores. Como fruto de este esfuerzo, en 1975 se aprobó la Ley de Relaciones Laborales Agrícolas de California, la primera en EE. UU. en reconocer el derecho de los campesinos a sindicarse. Dolores enfrentó con hidalguía la doble discriminación por ser mujer y latina, incluso dentro de sus propias organizaciones.
En 1988, durante una protesta contra George Bush, fue brutalmente golpeada por la policía, sufriendo la fractura de costillas y el estallido del bazo. Tras una larga recuperación, donó la indemnización del juicio a los trabajadores y logró que la policía de San Francisco modificara sus protocolos de control de multitudes. Posteriormente, impulsó la Campaña 50/50 para que más mujeres latinas y negras ocuparan cargos públicos, y defendió fervientemente los derechos de la comunidad LGTB.
Madre de 11 hijos, Dolores Huerta logró mixturar su papel de organizadora social con la crianza de una familia numerosa. Su legado de justicia sigue vivo en cada rincón donde se busca dignidad para los que trabajan la tierra.
¡Salú Dolores! Por tu coraje, por tu lucha incansable contra la desigualdad y por tu habilidad para negociar con los poderosos sin doblegar tus principios.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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