
8 de abril: Francisco Muñiz, el médico soldado y padre de la paleontología
Diario Bonaerense
Nació en los alrededores de la iglesia de San Isidro Labrador del Monte Grande. En 1806, con apenas 10 años, combatió como civil contra las invasiones inglesas durante la Reconquista. Al año siguiente se enroló en el Regimiento de Andaluces, enfrentando nuevamente a los británicos y resultando herido en una pierna. Participó activamente de la gesta de Mayo y en 1814 fue de los primeros inscriptos en el Instituto Médico Militar dirigido por Cosme Argerich, graduándose como médico en 1822.
Su carrera combinó la medicina con la militancia federal. En 1825, como cirujano militar en el Fortín de Chascomús, organizó hospitales de campaña y asistió a los soldados en los combates de Sauce Grande y Toldos Viejos. Fue en estas expediciones donde despertó su faceta de naturalista: realizó estudios etnográficos sobre pueblos originarios y rescató fósiles de la laguna. Logró reconstruir el esqueleto de un gliptodonte, convirtiéndose de hecho en el creador de la paleontología nacional.
En 1828 se afincó en la villa de Luján junto a su esposa Ramona Bastarte. Allí fue un vacunador incansable que logró desterrar la viruela de la zona. Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas fue nombrado Administrador de Vacunas y médico de Policía para combatir el curanderismo y las epidemias, como la de escarlatina en 1836. Sin abandonar los fósiles, en 1844 descubrió restos del famoso "tigre fósil" (Smilodon) y del "caballo fósil". Su prestigio llegó a oídos de Charles Darwin, con quien mantuvo un vínculo epistolar; sus observaciones sobre la "vaca ñata" fueron incluidas por el británico en la segunda edición de El origen de las especies.
Muñiz acompañó a Rosas como médico asistente en la batalla de Caseros y, tras la caída del Restaurador, se volcó a la política: fue diputado y senador tanto provincial como nacional, además de decano de la Facultad de Medicina de la UBA entre 1858 y 1862. Pese a su edad, su espíritu de servicio lo llevó a participar como voluntario en la Guerra contra el Paraguay en 1866, dirigiendo hospitales en Corrientes para frenar el cólera, epidemia que se cobró la vida de uno de sus hijos.
Su acto final de entrega ocurrió en el trágico verano de 1871. Ante el estallido de la fiebre amarilla en Buenos Aires, Muñiz se presentó como médico voluntario para ayudar a las víctimas en el peor momento del caos sanitario. Contrajo la enfermedad tras asistir a un amigo y falleció el día de mayor mortalidad de la pandemia, cuando se registraron más de 600 decesos en una jornada.
¡Salú Francisco Muñiz! Por tu curiosidad infinita, tu solidaridad efectiva y tu compromiso permanente con la salud pública y el conocimiento de nuestro suelo.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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