
4 de marzo: Mariano Moreno, el fuego sagrado de la Revolución que se apagó en altamar
Diario Bonaerense
Nació en 1778 en la ciudad de Buenos Aires. Hijo de Manuel Moreno y Argumosa y de Ana María Valle, cursó sus estudios en el Colegio del Rey y el Real Colegio de San Carlos. Gracias al apoyo de Fray Cayetano Rodríguez, accedió a una formación superior en la Universidad de Chuquisaca, donde se doctoró en leyes. Allí leyó a Montesquieu, Voltaire y Rousseau, influencias que moldearon su pensamiento liberal y su compromiso con los derechos de los pueblos originarios, reflejado en su disertación sobre el servicio personal de los indios.
En Chuquisaca conoció a María Guadalupe Cuenca, con quien se casó antes de regresar a Buenos Aires en 1805. Su prestigio creció rápidamente tras ganar causas resonantes y por su desempeño como relator de la Real Audiencia. Durante las Invasiones Inglesas, se opuso con firmeza a los ocupantes y, más tarde, redactó la famosa "Representación de los Hacendados", un alegato fundamental a favor del libre comercio que desafió el monopolio español.
Tras la Revolución de Mayo, Moreno asumió las secretarías de Gobierno y Guerra. En apenas siete meses desplegó una energía arrolladora: reabrió puertos, creó la Biblioteca Pública Nacional, organizó la policía, fundó nuevas compañías militares y decretó la libertad de prensa. Su pensamiento quedó plasmado en la Gazeta de Buenos Ayres, el periódico que fundó para publicitar los actos de gobierno y que hoy da origen a la celebración del Día del Periodista en nuestro país.
Su perfil radicalizado y su propuesta de cambios estructurales —algunos atribuidos al polémico Plan de Operaciones— chocaron con la postura más moderada y pragmática de Cornelio Saavedra. La disputa política culminó con la incorporación de los diputados del interior a la Junta Grande, maniobra que dejó a Moreno en minoría. Ante la derrota política, renunció y solicitó una misión diplomática en Inglaterra para la compra de armamento.
El viaje final comenzó el 24 de enero de 1811 a bordo del navío inglés “Fame”. Durante la travesía, su salud se deterioró rápidamente. En circunstancias que aún generan sospechas, el capitán del barco le suministró un vomitivo cuya dosis era cuarenta veces mayor a la recomendada. Moreno falleció frente a las costas de Santa Catarina, Brasil, y su cuerpo fue arrojado al mar envuelto en una bandera británica.
La existencia de una cláusula previa en el contrato de armamento que preveía su posible fallecimiento, sumada a la desproporcionada dosis medicinal, alimentaron por siglos la hipótesis de un asesinato político. Parte de nuestra historia repleta de ejemplos similares y que nos condenan a perder hombres y mujeres valiosos y necesarios.
No hay saludo final. Solamente, recordar que de esa historia también venimos…


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