
La Bandera Nacional: El grito de soberanía en las barrancas del Paraná
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 1812, las barrancas del río Paraná fueron testigos de un acto de audacia política y militar que cambiaría para siempre la identidad de estas tierras. A las seis y media de la tarde, Manuel Belgrano ordenó el primer izamiento de la bandera nacional frente a las baterías "Libertad" e "Independencia", en la Villa del Rosario. En aquel instante, entre la emoción de los soldados y los vecinos congregados, nacía el símbolo máximo de nuestra patria.
La creación de la enseña no fue un hecho aislado, sino una respuesta a la urgencia de la guerra. Belgrano, consciente de que sus tropas no podían seguir combatiendo bajo la cucarda roja de los españoles, ya había logrado la oficialización de la escarapela días antes. Sin embargo, su espíritu revolucionario lo llevó a dar un paso más: solicitó a María Catalina Echevarría la confección de un pabellón con los colores azul celeste y blanco, el cual fue alzado por primera vez por el regidor Cosme Maciel.
Aquel gesto de soberanía fue recibido con hostilidad por el Primer Triunvirato en Buenos Aires, que temía las consecuencias diplomáticas de un quiebre tan explícito con la corona española. El gobierno desautorizó a Belgrano y le ordenó ocultar la bandera. Pero el General, ya en camino hacia el Norte, no recibió el aviso a tiempo y continuó enarbolándola en Jujuy, donde la hizo bendecir. La desobediencia de Belgrano no era capricho, sino la convicción de que un ejército necesita una identidad propia para vencer.
A lo largo de los años, el diseño de la bandera atravesó diversas tensiones políticas. Desde el azul intenso utilizado por Juan Manuel de Rosas para diferenciarse de los unitarios, hasta la coexistencia de banderas con y sin sol —denominada esta última "de guerra"—, el pabellón nacional fue mutando hasta que en 1985 se unificó por ley su diseño definitivo con el Sol de Mayo en el centro para todos los ciudadanos.
La bandera no es solo un paño; es el símbolo que nos cobija y nos une en los momentos de crisis, y el que nos impulsa cuando decidimos avanzar como nación. No exige nacionalismos vacíos ni adoraciones exageradas, sino el compromiso de honrarla con coraje, honestidad y coherencia en cada acto cotidiano.
Salú, Celeste y Blanca! Por ser el manto que nos identifica ante el mundo y el recordatorio permanente de nuestra lucha por la independencia.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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