
Martín Castro: El payador rojo que puso la guitarra al servicio de la rebelión
Diario Bonaerense
Un día como hoy pero de 1882 nacía Julián Martín Castro, poeta, cantor y compositor anarco-comunista argentino. Fue el hombre que se apropió de la figura del gaucho para transformarla en un símbolo emancipatorio, utilizándola como un contrapunto necesario al discurso oficial de la época que pretendía una nación de exclusividad europea. Estandarte del criollismo rebelde, difundió su mensaje a través de la payada y una prolífica obra literaria.
Nació en Merlo, provincia de Buenos Aires, cuando el pueblo era apenas un pequeño asentamiento rural. Hijo de padres entrerrianos, quedó huérfano a los ocho años y debió forjar su destino como peón de campo y, más tarde, como albañil. Sin educación formal, fue su madre quien le enseñó los rudimentos de la guitarra y el ritmo de milonga que lo acompañaría siempre. Autodidacta voraz, nutrió su pensamiento con lecturas de Kropotkin, Malatesta, Tolstoi y Julio Verne, moldeando una dialéctica que, según el periodista Américo Barrios, "contenía la pólvora de la rebelión social".
Durante su juventud, su centro de operaciones fue el barrio de Boedo. En glorietas, sindicatos y pulperías, los trabajadores se amontonaban para escuchar sus versos, que muchas veces tenían fines solidarios para el Comité Pro Presos Políticos o el semanario anarquista La Antorcha. Castro no cantaba por simple adorno; sus letras eran ideas que reivindicaban al gaucho indómito, aquel que prefería la libertad de la sierra antes que el destierro del mundo, y que soñaba con una patria sin "tranquera ni alambrado".
En la década del 20, su fama se consolidó con éxitos como "El huérfano", mientras compartía escenarios con figuras como José Betinotti o Gabino Ezeiza, aunque siempre marcando distancia de los "aduladores del régimen". Su compromiso lo llevó a ser codirector del diario La voz de los tiempos y a publicar libros fundamentales como Guitarra Roja (1928) y Hachando los alambrados (1959). Sus versos fueron tan potentes que voces de la talla de Ignacio Corsini, Edmundo Rivero y Horacio Guarany los incorporaron a su repertorio.
Martín Castro falleció en abril de 1971 en su rancho de Ciudadela. Se fue un hombre que, a pesar de las comisarías visitadas por sus arengas, nunca abandonó la templanza ni la coherencia. Su obra permanece como un símbolo inmortal de la canción de protesta argentina, un puente entre el pasado rural y las luchas obreras urbanas.
Salú Martín Castro! Payador rebelde y decidor de verdades, integrante de lujo de nuestra cultura popular.
Ruben Ruiz - El Pelícano



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