
Maud Stevens Wagner: La primera tatuadora profesional en Estados Unidos
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 1961, se despedía Maud Stevens Wagner: trapecista, contorsionista, acróbata y la primera mujer artista del tatuaje conocida en Estados Unidos. Ella rompió los estereotipos en una época en que los tatuadores eran exclusivamente hombres y las mujeres tatuadas eran estigmatizadas.
Nació en 1877 en Kansas. Desde adolescente trabajó en el ámbito circense como acróbata y volatinera. En 1904, mientras participaba en la Exposición Universal de Saint Louis, conoció a Gus Wagner, apodado "el hombre más tatuado de América", quien había aprendido el oficio en Java y Borneo. La atracción fue mutua. Ella aceptó una cita con él bajo una condición: que la iniciara en el arte del tatuaje.
Durante años, Maud aprendió la técnica del entintado tradicional denominada hand poked (o stick and poke). A diferencia de otros artistas de la época, Maud y Gus nunca utilizaron las máquinas eléctricas que ya existían desde 1891; prefirieron la tradición pura de agujas y palillos mojados en tinta, creando los dibujos punto por punto sobre la piel.
Maud demostró un talento innato para los detalles minuciosos. Su cuerpo se cubrió de caballos, leones, serpientes, mariposas y plantas exóticas. Se promocionaba como “la mujer hipertatuada” y su presencia era un acontecimiento que atraía a miles de espectadores. Con el tiempo, la pareja dejó el circo para recorrer el país en un carromato, presentándose en ferias, teatros de vodevil y parques de diversiones.
Su labor como artista errante permitió que el tatuaje llegara al interior de Estados Unidos, transformándolo en parte de la cultura popular. Maud ayudó a derribar los prejuicios que vinculaban a las mujeres tatuadas con la marginalidad, demostrando que este arte era una forma legítima de expresión personal.
Su hija, Lovetta, aprendió la técnica desde los nueve años bajo la tutela de sus padres, convirtiéndose también en una reconocida tatuadora profesional. Tras la muerte de Gus (quien falleció alcanzado por un rayo), Maud continuó difundiendo su arte hasta sus últimos días.
Como señala la investigadora Amelia Klem en su libro The Tattooed Lady: "Ella acabó con los estereotipos que decían que las mujeres tatuadas eran 'chicas malas', rompiendo el mito de que los tatuajes eran solo para marineros o criminales".
¡Salud, Maud! Por tu destreza con la aguja y la tinta, por tu vida itinerante y por abrir el camino para que el cuerpo sea un espacio de decisión, arte e identidad indeleble.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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