
Jaime de Nevares Don Jaime: un obispo incómodo para los poderosos
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 1915, nacía Jaime Francisco de Nevares: sacerdote, obispo de la diócesis de Neuquén y convencional constituyente. Un hombre que abandonó los privilegios de su cuna adinerada para convertirse en la voz de los que no tenían voz en la Patagonia.
Nació en Buenos Aires y se recibió de abogado en la UBA en 1940. Sin embargo, su vocación lo llevó al seminario y en 1945 ingresó en la Congregación Salesiana. Fue ordenado sacerdote en 1951. En 1961, el Papa Juan XXIII lo designó obispo de la flamante diócesis de Neuquén. Participó en el Concilio Vaticano II, encuentro que él definía como su "curso acelerado para ser pastor", alineándose con las corrientes renovadoras de la Iglesia.
Su compromiso se forjó en el barro de la realidad latinoamericana. En 1968 participó en la Conferencia de Medellín, donde germinó la Teología de la Liberación. En Neuquén, su figura se agigantó durante el “Choconazo” (1969-1970). Los obreros que construían la represa El Chocón se declararon en huelga por condiciones inhumanas; de Nevares no solo fue su portavoz y mediador, sino que denunció que la obra corría el riesgo de ser "la vergüenza nacional del siglo". Desde entonces, fue para siempre el "Obispo del Choconazo".
Durante la última dictadura militar (1976-1983), se convirtió en un pilar de la resistencia pacífica. Junto a los obispos Jorge Novak y Miguel Hesayne, formó la línea más confrontativa contra el terrorismo de Estado. Fue fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH). Abrió su diócesis para refugiar a perseguidos, ayudó a exiliados chilenos que huían de Pinochet y fue de los pocos que se atrevió a denunciar el asesinato de monseñor Angelelli.
Con el regreso de la democracia, integró la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), pero fue crítico con la institución eclesiástica, exigiendo un examen de conciencia de la Iglesia por su actitud durante la dictadura. Se opuso firmemente a las leyes de Punto Final, Obediencia Debida y a los indultos de los años 90.
En 1994, ya jubilado, el pueblo neuquino lo eligió convencionalmente constituyente para la Reforma de la Constitución Nacional. Ganó con el 30% de los votos liderando una estructura mínima. Sin embargo, renunció a su banca en un gesto de coherencia extrema: impugnó el "Pacto de Olivos" por considerarlo un acuerdo a puertas cerradas que viciaba de nulidad la soberanía de la Convención.
Falleció el 19 de mayo de 1995. Poco antes de morir, dejó un mensaje que resume su vida: “Tata Dios nos pide coraje, que no nos achiquemos…”.
¡Salud, Don Jaime! Por tu solidaridad inspiradora, por no bajarte nunca de los palcos del pueblo y por enseñarnos que la fe, si no es compartida con el que sufre, no es fe.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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