

Un día como hoy pero de 1933 nacía Susan Lee Rosenblatt, escritora, filósofa, profesora, directora y guionista de cine y activista política estadounidense que se transformó en una de las intelectuales públicas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX en EE UU y el mundo occidental. Se especializó en estudiar y describir la distancia existente entre la realidad social, humana, cultural y nuestra interpretación de esa realidad. Menudo tema que nos trae infinidad de problemas individuales y colectivos.
Nació en Nueva York pero de muy pequeña se mudó con su familia a Tucson, Arizona y luego al Valle de San Fernando, California. Hija de Mildred Jacobsen y de Jack Rosenblatt, comerciante de pieles con China que murió en ese país de tuberculosis cuando Susan tenía cinco años. Algunos años después su madre se casó en segundas nupcias con Nathan Sontag, un capitán del ejército yanqui, del cual tomó su apellido de allí en más. Se graduó en North Hollywood High School a la edad de 15 años e ingresó a la universidad de Berkeley, en California. Su estadía fue corta. Al año siguiente se trasladó a la universidad de Chicago donde estudió filosofía, historia antigua y literatura y se licenció en Letras. Un año antes de recibirse se había casado con el sociólogo Philip Rieff. El matrimonio duró ocho años y tuvieron un hijo, David, que fue editor y escritor.
En 1952 enseñó en la universidad de Connecticut y asistió a la escuela de posgrado de la universidad de Harvard donde estudió filosofía y teología. Luego de terminar la maestría en filosofía, comenzó un doctorado en metafísica, ética y filosofía griega, y filosofía y teología continental. En 1957 recibió una beca para estudiar en la universidad de Oxford, Inglaterra. Viajó sin su esposo y sin su hijo. El segundo semestre lo cursó en La Sorbona de París. En 1958 y 1959 trabajó de docente y vivió con la escritora y modelo Harriet Sohmers Zwerling. A su retorno a EE UU, trabajó como profesora de filosofía en el Sarah Lawrence College y la Universidad de la Ciudad de Nueva York, y filosofía de la religión en la Universidad de Columbia. En esa época conoció a la dramaturga y directora de teatro cubana María Irene Fornés, con quien conviviría durante siete años.
En 1963 comenzó su oficio de escritora. Publicó su relato “El maniquí” en la revista Harper’s Bazaar y su novela El benefactor, una obra en la que describe el punto de vista de un hombre expuesto por una mujer casada y mayor que el protagonista con quien mantiene una larga relación. La disección de la condición masculina y una crítica sutil a comportamientos aceptados por la sociedad pero que gozan de cierta irracionalidad. En 1964 escribió un artículo en la revista Partisan Review que la develó como una buceadora excepcional de la vida norteamericana urbana y que rompía con las reglas del ambiente intelectual neoyorquino. Se llamó "Notas sobre lo ‘camp’", en el que describía una parte de la cultura popular de Nueva York obviado por los intelectuales que dominaban la escena: el mundo homosexual, la comunidad negra, la exageración y el artificio en la moda y el arte.
Emergía una académica que ponía en discusión la obviedad existente y la interpretación dominante. En 1968 reunió una serie de ensayos escritos entre 1961 y 1965 y publicó Contra la interpretación y otros ensayos, un gran libro de crítica cultural donde su pluma filosa recorrió la teoría sobre las artes, la literatura, el cine y el psicoanálisis. Como ella misma lo dijo: “Se veía como una combatiente de nuevo cuño en una batalla muy antigua: contra la hipocresía, la superficialidad y la indiferencia éticas y estéticas”. En 1969 publicó Estilos radicales, obra en la que indagó sobre nuevos fenómenos de la cultura de masas como las drogas y la pornografía.

A partir de 1970 incursionó en el cine. Dirigió y guionó Duelo de caníbales (1969), Hermano Carl (1971), rodadas en Suecia, y Tierras prometidas (1973), sobre las tropas israelíes en el Golán. Fueron el precedente para una nueva obra: Sobre la fotografía, libro que curiosamente no tenía imágenes; era una reivindicación de la fuerza de la palabra escrita para explorar los contextos y significados de ese arte. En esa época le detectaron cáncer de mamas. Lo enfrentó con fiereza, soportó el tratamiento invasivo y publicó La enfermedad y sus metáforas, que diez años después amplió con El sida y sus metáforas. En ambos textos desgranó cómo ciertas enfermedades originan actitudes sociales que pueden ser más dañinas que el propio mal.
A fines de la década del ’70 fue nombrada miembro de la Academia Americana de Letras. Intensificó su papel como defensora de los derechos humanos y entre 1987 y 1989 fue presidenta del PEN American Center. En los ’90 se dirigió a la Sarajevo asediada; montó la representación de “Esperando a Godot” en un teatro bombardeado y a la luz de las velas. Fue una demostración de solidaridad efectiva: no habló, puso el cuerpo. En 1992 publicó El amante del volcán, novela sobre la mujer y la revolución en el siglo XVIII, y en 2000 En América, donde describía el exilio de una actriz polaca hacia Norteamérica.
La posición de Susan Sontag nunca fue cómoda. Desde la orfandad de padre hasta su condición de escritora que desafiaba lo establecido, sostuvo siempre una calidad literaria incombustible. Ética, comprometida, constructora de sentido, polémica, locuaz, fotogénica, contradictoria.
Salú Susan!! Por tu valentía para entrometerse con los cánones establecidos y destriparlos, por tu cuidado para escribir, por tu compromiso sin veleidades, por tu coherencia, por tu rebelde mechón blanco entre tu pelo oscuro que combinaba con tu ingobernable exposición pública.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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