
China enfrenta una crisis de natalidad, parejas jóvenes deciden no tener hijos
Fabio PerussichChina atraviesa una profunda crisis demográfica marcada por la caída sostenida de los nacimientos, ya que un número creciente de parejas jóvenes decide no tener hijos o posponer indefinidamente la maternidad y la paternidad, a pesar de las políticas impulsadas por el gobierno para revertir el envejecimiento de la población y frenar el descenso poblacional.

Una década después de haber puesto fin a la estricta política del hijo único, el país no logró recuperar su tasa de natalidad. Según datos oficiales, en 2024 se registraron apenas 9,54 millones de nacimientos, casi la mitad de los anotados en 2016, cuando se flexibilizaron por primera vez las restricciones. Proyecciones de Naciones Unidas advierten que la población china podría reducirse de los actuales 1.400 millones a cerca de 800 millones hacia el año 2100.
En este contexto, se consolidó entre los jóvenes urbanos el modelo conocido como “DINK” (dual income, no kids), que define a parejas con dos ingresos y sin hijos. Este fenómeno, que se volvió viral en redes sociales chinas, refleja un cambio cultural profundo: muchas personas priorizan la estabilidad económica, el desarrollo profesional y la calidad de vida por sobre la formación de una familia numerosa.
Políticas pronatalidad y límites estructurales
Desde el fin del hijo único, las autoridades lanzaron diversas iniciativas para estimular la natalidad. Entre ellas se destacan subsidios de hasta u$s500 anuales por cada hijo menor de tres años, mayores facilidades para el cuidado infantil y ajustes fiscales vinculados a anticonceptivos. Sin embargo, los expertos coinciden en que estas medidas resultan insuficientes frente a los obstáculos estructurales.
“El número de personas que optan por no casarse o no tener hijos está creciendo”, señaló a la AFP el demógrafo independiente He Yafu. A su vez, la académica Pan Wang sostuvo que la política del hijo único “reconfiguró las normas familiares”, acostumbrando a generaciones enteras a hogares pequeños.
El elevado costo de vida, la incertidumbre económica y la exigente cultura laboral (con jornadas conocidas como “996”, de 9 a 21 horas seis días a la semana) desincentivan la crianza. A largo plazo, advierten los especialistas, la baja fecundidad acelerará el envejecimiento poblacional y aumentará la carga sobre los sistemas de cuidado, con impacto directo en el desarrollo económico y social del país.
Fuente: EFE/Diario Bonaerense



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