
7 de julio: Día Internacional de la Conservación del Suelo, una fecha clave para proteger el piso de nuestra "casa común"
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 1960, se despedía Hugh Hammond Bennett, pionero en la aplicación de políticas de conservación del suelo en los Estados Unidos y quien demostró que su cuidado influye directamente en la capacidad productiva del mismo, evidenciando que la calidad y la fertilidad están estrechamente relacionadas con los procesos de erosión. Además, Bennett fue un destacado impulsor de prácticas conservacionistas en la Argentina y en el Gran Chaco Americano. En honor a su fallecimiento se conmemora el “Día Internacional de la Conservación del Suelo”, que en nuestro país se instituyó mediante un decreto del presidente Arturo Illia firmado el 7 de julio de 1963.
El suelo es un sistema complejo y dinámico donde suceden variados procesos químicos, físicos y biológicos. Funciona como el soporte para todas las formas de vida, actúa como sustrato para el crecimiento de la vegetación y garantiza los nutrientes necesarios para la supervivencia de todas las especies. Además, representa el canal de comunicación esencial entre el agricultor y su cultivo. Un uso indebido o una mala gestión de los suelos produce efectos devastadores que se verifican a lo largo del tiempo, alteran el equilibrio ecológico de manera decisiva y comprometen de forma directa la vida de las generaciones futuras.
En 1951, Hugh Bennett escribió en el Manual de Conservación de Suelos: “Es esencial tener en cuenta que en todas partes del mundo la conservación del suelo depende del uso apropiado de las diversas clases de terreno y de tratar a cada una según sus necesidades particulares. Este es el principio fundamental de la conservación de suelos y aguas en todo el mundo...”. Se trata de conceptos elementales y de aplicación altamente convenientes que continúan siendo plenamente válidos para nuestra delicada actualidad y que, sin embargo, como especie nos cuesta aceptar y validar en la práctica cotidiana.
Una consecuencia directa de los malos hábitos en relación con el uso de la tierra es la desertificación, un proceso de degradación ecológica en el que los suelos fértiles pierden total o parcialmente su capacidad productiva. Su manifestación principal es la pérdida de la cubierta vegetal y el consecuente facilitamiento de la acción del agua o el viento, factores que producen la erosión hasta llegar a la roca desnuda. El cambio climático también puede operar como una causa, dado que genera importantes alteraciones en los patrones de las precipitaciones o aumentos bruscos de temperatura.
Sin embargo, la acción humana es clave en el avance de estos procesos de degradación. La deforestación (tala indiscriminada de miles de hectáreas de bosques o grandes extensiones de vegetación), el uso desequilibrado o excesivo de los suelos (monocultivo, uso exhaustivo de agroquímicos), la actividad industrial indiscriminada (la sobreexplotación de los recursos, la megaminería, el vertido de desechos industriales) o el mal uso de equipos mecanizados (que pueden generar contaminación con productos químicos como aceite, gasolina o diésel) resultan letales para los suelos y los pueden volver estériles o improductivos.
En la década del ’30, la Argentina sufrió severas sequías, especialmente en la región pampeana y el oeste de la provincia de Buenos Aires, donde los suelos son más arenosos y los regímenes de lluvias son menores. A pesar de que eran regiones dedicadas históricamente a la ganadería y la lechería, la falta de precipitaciones fue de tal magnitud que produjo movimientos de médanos, acumulación de arena sobre las líneas de alambrados, falta de pastos para la hacienda y escasez de agua para el consumo humano. Estos acontecimientos se repiten regularmente hoy en nuestra región, cada vez con mayor virulencia y consecuencias nefastas.
La respuesta institucional tardó algunos años en materializarse. En la esfera estatal, en 1956 se creó el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) con el objetivo de impulsar y coordinar el desarrollo de la investigación y la extensión agropecuaria, acelerando la tecnificación y el mejoramiento de la empresa agraria y de la vida rural. En el ámbito privado, en 1957 se originó el primer grupo CREA en la localidad de Henderson-Daireaux (oeste de la provincia de Buenos Aires), constituyendo una asociación de productores rurales con el fin de compartir experiencias y conocimientos, mejorar la productividad y elaborar estrategias conjuntas para incorporar tecnología.
En otro orden, los estudios científicos realizados sobre los suelos permitieron incorporar nuevos conocimientos fundamentales. De este modo se descubrió la importancia de la materia orgánica (MO), un componente esencial del suelo para sostener el crecimiento y desarrollo de las plantas o vegetales. La MO actúa como la principal reserva de nutrientes para los cultivos (nitrógeno, fósforo y azufre), es la fuente primaria de energía para impulsar la actividad bioquímica, disminuye los excedentes de dióxido de carbono hacia la atmósfera, mejora la infiltración de agua y permite una mayor aireación del terreno.
El cuidado de este bien social que es el suelo, su tenencia y su uso no pueden estar asociados exclusivamente a la rentabilidad económica, y tampoco puede considerarse una responsabilidad ajena e aislada. En este sentido, resultan oportunas las palabras de Hugh Bennett: “...Fuera de la larga lista de regalos de la naturaleza al ser humano, ninguno es tal vez tan esencial para nuestra vida como el suelo”, lo que nos obliga a ejercitar las responsabilidades colectivas que emanan de esa premisa.
Existen acciones simples y valiosas que se pueden adoptar desde diferentes sectores. En el caso de los agricultores, utilizar abono orgánico o humus de lombriz para fertilizar los campos, recurrir a productos orgánicos garantizados para el control de plagas, implementar una rotación inteligente de cultivos y adoptar políticas de gestión sostenible para preservar la biodiversidad. En el caso de las empresas, generar y aplicar procedimientos y acciones que aseguren de forma estricta el cumplimiento de las normas y regulaciones, elevando sus estándares éticos en la actividad que desarrollen.
En la órbita estatal, resulta indispensable crear estructuras profesionales de control que cuenten con estabilidad y autonomía frente a las corporaciones y los gobiernos de turno para ejercer plenamente su poder normativo. Finalmente, en el ámbito de los ciudadanos comunes, existen dos acciones sencillas de llevar adelante en el día a día: no tirar basura al suelo ni arrojar plásticos a los mares, ríos o espejos de agua; metas posibles de ejecutar con un mínimo de disciplina individual y voluntad colectiva.
Está en juego el piso de nuestra casa común. No hay espacio para distracciones o supuestas ignorancias. Las inundaciones, las sequías, los veranos agobiantes, la falta de agua potable, las contaminaciones de todo tipo y las erosiones rampantes ya forman parte de nuestra realidad cotidiana. Mejorar este panorama también depende de nuestra decisión.
Ruben Ruiz - El Pelícano


5 de julio: A 11 años del fallecimiento de Jorge Álvarez, el editor y productor que revolucionó la cultura urbana y fundó las bases del rock nacional

4 de julio: A 131 años del nacimiento de Esteban Laureano Maradona, el médico de los pueblos originarios y los olvidados del monte formoseño

3 de julio: Día Nacional del Locutor y la Locutora, las voces que marcan la identidad de un país y acompañan el día a día de los argentinos

2 de julio: A 131 años del fallecimiento de Ignacio Pirovano, el pionero que revolucionó la medicina y fundó la cirugía argentina

San Justo: organizarán un Fan Fest con pantalla gigante para ver el partido de la Selección Argentina en el predio de la UNLaM

San Nicolás: realizarán "San Nicoland", un festival infantil de un mes de duración en el Eco Parque

Baradero: abrieron las inscripciones para la tercera edición de la carrera de 10 kilómetros

La Plata: el Observatorio de Obras Públicas debatió metodologías para clasificar la infraestructura sostenible


