
4 de julio: A 131 años del nacimiento de Esteban Laureano Maradona, el médico de los pueblos originarios y los olvidados del monte formoseño
Diario Bonaerense
Un día como hoy, pero de 1895, nacía Esteban Laureano Maradona, médico rural, naturalista, escritor y filántropo argentino que ejerció su profesión durante 50 años en la provincia de Formosa y ayudó a los pueblos originarios de esa zona que carecían de toda atención médica, contención social y vivían en la miseria. En homenaje al día de su nacimiento, se conmemora el Día Nacional del Médico Rural (Ley 25.448).
Nació en Esperanza, provincia de Santa Fe. Fue hijo de Petrona Encarnación Villalba Sosa, una santiagueña que había emigrado con su familia a la zona santafesina de Barrancas y Coronda, y del multifacético Waldino Maradona Garramuño, quien se desempeñó como maestro, periodista, productor rural, concejal, inspector de instrucción pública y senador provincial. Esteban cursó sus primeros años en el establecimiento educativo de la estancia “Los Aromitos”, en el que su padre era maestro. Combinaba sus estudios con el aprendizaje de la caza y la pesca. El secundario lo cursó entre Santa Fe y Buenos Aires, y finalmente se asentó en esta última ciudad.
Para costear sus estudios universitarios trabajó como obrero de la construcción, tipógrafo, empleado en varias granjas y maestro en una escuela primaria de Merlo. Ingresó a la Facultad de Medicina y se recibió en 1926; fue practicante en varios hospitales (Expósitos, Bosch, Rivadavia y Muñiz) e instaló un consultorio médico. En 1930 emigró hacia Resistencia, capital del entonces Territorio Nacional del Chaco. Instaló un pequeño consultorio en la isla del Cerrito, donde la lepra hacía desastres, y logró que se construyera un lazareto para los enfermos. Firme opositor al golpe de Estado ocurrido ese año (a pesar de sus públicas diferencias con el gobierno de Hipólito Yrigoyen), escribió columnas en el periódico La Voz y dictó conferencias sobre los alcances de la Ley 9.688 de accidentes de trabajo, la lepra y el papel de la salud pública. Esa intensa actividad pública le granjeó la enemistad del gobierno militar y una persistente persecución.
Simultáneamente se desarrollaba la Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia. Decidió inscribirse como médico camillero y viajó al terreno de conflicto. Su posición ética lo llevó a curar heridos de ambos bandos. “El dolor no tiene fronteras”, era su frase de cabecera. Se sospechó que podía ser un espía y fue encarcelado. Lo interrogaron e investigaron, pero al no poder sostener las acusaciones, fue liberado y recomenzó su actividad médica. Su actuación profesional alcanzó tal magnitud que fue designado director del Hospital Naval de Asunción. Además, redactó el reglamento de Sanidad Militar del Paraguay y se hizo cargo de la colonia de leprosos de Itapirú. En la capital paraguaya conoció a Aurora Ebaly, sobrina del presidente, de quien se enamoró y con quien se comprometería. Pero la tragedia se hizo presente: su novia murió de fiebre tifoidea en 1934. El dolor fue inmenso e irreparable.
Al finalizar la guerra retornó a la Argentina a pesar de las peticiones para que se quedara en Paraguay. Su proyecto era visitar a su hermano, quien vivía en San Miguel de Tucumán y ocupaba el cargo de intendente, y luego asentarse en Lobos, donde residía su madre. Cruzó el río y llegó al, en ese entonces, Territorio Nacional de Formosa para tomar el tren que lo llevaría a Salta y Tucumán. La primera parada del viaje era la estación Km. 234, en el paraje Guaycurú (hoy, Estanislao del Campo).
En esos instantes apareció una persona pidiendo ayuda desesperada para una mujer que hacía días trataba de parir y se encontraba muy grave. Esteban tomó su maletín y anunció su condición de médico. Una mujer de unos cincuenta años lo guió hasta un sulky y partieron. Efectivamente la situación era crítica, pero se pudo realizar el parto y Mercedes Almirón logró ser madre de una niña.
Esteban volvió a la estación y se enteró de que el próximo tren pasaría recién a los tres o cuatro días. Para entonces, se había corrido la voz de que el doctor se encontraba allí. En pocos minutos se congregó una pequeña multitud que le pidió encarecidamente que se quedara, dado que no había ningún médico en kilómetros a la redonda. Maradona lo pensó y se quedó. La estadía duró 51 años.
Vivió siempre en una humilde vivienda de ladrillo que constaba de una habitación (que también funcionaba como estudio y consultorio), una cocina y una galería. No había electricidad ni agua corriente. Comenzó a atender a los enfermos de esa pequeña comunidad, a crear confianza mutua y a mixturar sabidurías. Trabó amistad con los caciques de las comunidades que vivían en el lugar (tobas, matacos, mocovíes y pilagás), intercambió conocimientos y costumbres, y trazó una estrategia para enfrentar las enfermedades que arreciaban con la vida de los pobladores y pobladoras.
Al poco tiempo había logrado erradicar en la zona la lepra, el mal de Chagas, la tuberculosis, el cólera y la sífilis. A esa altura lo llamaban Piognak, que significa “Dr. Dios” en lengua pilagá. Investigó la cultura de los pueblos originarios de la región, así como su flora y su fauna. Logró que el gobierno nacional le donara tierras fiscales y fundó la Colonia Juan Bautista Alberdi, habitada exclusivamente por la comunidad aborigen. Les enseñó el manejo de máquinas agrícolas, a cultivar algodón, cocer ladrillos y construir sus propias viviendas; colaboró con la compra de semillas y herramientas, exploró la existencia de agua potable, proyectó un camino al río Teuco, ayudó a construir una comisaría y a mejorar la estación ferroviaria.
Fundó una escuela en la que fue maestro durante tres años e impulsó el asentamiento de los hermanos originarios que deambulaban por el monte. Esta experiencia fue relatada en su libro A través de la selva, un detallado estudio antropológico sobre la cultura de los pueblos originarios y una fuerte denuncia sobre sus condiciones de vida y la explotación a la que eran sometidos en los ingenios azucareros. Luego de su publicación, el gobierno resolvió aprobar una partida para ejecutar un programa de promoción social y económica en la zona.
Iniciado el año 1948, la colonia Alberdi fue oficializada por el gobierno nacional. En 1950 Maradona recibió el premio al Médico Rural Iberoamericano y donó el reconocimiento económico a jóvenes médicos rurales formoseños. En su tiempo libre despuntaba el vicio de la escritura. Publicó Recuerdos campesinos, sobre la vida y costumbres de los gauchos; Una planta providencial (el yacón); y Dendrología, con ilustraciones sobre árboles y arbustos y descripciones de sus usos medicinales.
Escribió otras tantas obras que quedaron sin editar: El problema de la lepra. Profilaxis y colonización; Historia de la ganadería argentina (cuatro volúmenes sobre bovinos, ovinos, caprinos, yeguarizos y porcinos); Aves, un tratado sobre ornitología y aves del Gran Chaco; Animales cuadrúpedos americanos; El problema del vinal. Propiedades, usos y distribución en Formosa, sobre las características y usos de ese tipo de algarrobo; Plantas cauchígenas; La ciudad muerta, un estudio sobre la desaparecida ciudad de Nuestra Señora de la Concepción del Río Bermejo; e Historia de los obreros de las Ciencias Naturales, un tratado de botánica y zoología americanas.
Por último, hizo un compendio de 3.000 palabras de la lengua pilagá traducidas al español que reunió en Vocabulario toba-pilagá, una obra que lamentablemente quedó inédita. A los 90 años enfermó y se trasladó a la casa de un sobrino en Rosario. Allí vivió sus últimos años y falleció de causas naturales.
¡Salud, Esteban Laureano Maradona! Sabio silencioso, filántropo sin estridencia, escritor minucioso de la naturaleza americana, paciente artesano en la mixtura de culturas. Un verdadero crack.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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