
Juan Bautista Azopardo: El marino maltés que capitaneó la primera escuadra nacional
Diario Bonaerense
Un día como hoy pero de 1772 nacía Juan Bautista Fortunato Ignacio Azzoppardi en Senglea, Malta. Militar y corsario de alma inquieta, sirvió a diversas banderas europeas antes de adoptar el destino de nuestra Patria y convertirse en una figura central de las luchas por la independencia. Fue el jefe del primer combate naval de nuestra Armada y un incansable defensor de la soberanía en el Río de la Plata.
Formado en el arsenal francés de Tolón, Azopardo aprendió desde joven los secretos de la construcción naval y el lenguaje de las mareas. Tras años de corso en el Caribe y el Mediterráneo, arribó a Buenos Aires en 1805. Su bautismo de fuego en estas tierras fue durante las Invasiones Inglesas, donde participó de la Reconquista y la defensa de la ciudad. Su pericia náutica y su valor le valieron el reconocimiento de Santiago de Liniers, quien lo ascendió a teniente coronel de las Milicias Urbanas.
Con el estallido de la Revolución de Mayo, Azopardo se puso a disposición de la Primera Junta. En 1810, fue designado comandante de la primera escuadra nacional de guerra, compuesta por la goleta "Invencible", el bergantín "25 de Mayo" y la balandra "Americana". Su misión era vital: remontar el Paraná para auxiliar a Belgrano en su expedición al Paraguay. El 2 de marzo de 1811, en San Nicolás, enfrentó a una flota realista muy superior en número. A pesar de la derrota, su resistencia fue heroica; Azopardo llegó a amenazar con volar la santabárbara de su nave antes de rendirse para salvar a su tripulación.
Tras aquel combate, sufrió cinco años de prisión en Cádiz y Ceuta, donde compartió celda con Juan Bautista Túpac Amaru. Logró la libertad en 1820 gracias al "Trienio Liberal" en España y regresó a Buenos Aires. En 1826, volvió al servicio activo para luchar en la guerra contra el Imperio del Brasil como segundo jefe de la escuadra del almirante Guillermo Brown. A pesar de su entrega, un informe crítico de Brown sobre el combate de Punta Colares lo llevó a un consejo de guerra que, finalmente, lo absolvió de toda responsabilidad, confirmando su pericia técnica.
Azopardo se retiró en 1827 y vivió sus últimos años en la austeridad y el olvido injusto, falleciendo en 1848. Fue un personaje fundamental en el inicio de la conformación de nuestra Nación, un hombre que supo leer los vientos de la libertad y puso su vida al servicio de una patria que no era la suya de nacimiento, pero que hizo suya por elección.
Salú, Juan Bautista Azopardo! Por tu arrojo en las aguas del Paraná y por haber sido el cimiento sobre el cual se construyó nuestra historia naval.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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