
20 de mayo: El ejército abandona a Cisneros y se abre camino al Cabildo
Diario Bonaerense
Ante la gravedad del pedido, el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros consultó al síndico procurador, Julián de Leyva. La respuesta fue lacónica y contundente: Leyva se mostró de acuerdo con la convocatoria a un Cabildo Abierto. Acorralado por la debilidad política y la incertidumbre sobre el apoyo popular, Cisneros convocó a los comandantes militares de la ciudad a una reunión a las siete de la tarde.
En el Fuerte, el virrey intentó apelar a la "moralidad" y recordó a los jefes militares el juramento de lealtad realizado un año atrás, conminándolos a defender su autoridad y sostener el orden público. En Buenos Aires coexistían regimientos de diversa génesis (españoles, criollos, pardos y morenos, indios), todos fogueados en la lucha contra el invasor inglés. Entre ellos sobresalía el Regimiento de Patricios, compuesto mayoritariamente por jóvenes criollos.
Fue su jefe, el comandante Cornelio Saavedra, quien tomó la palabra con crudo realismo político. Advirtió al virrey que la realidad de 1809 ya no existía, que las plazas españolas estaban en manos de Francia y que los americanos no seguirían la suerte de la Península. Saavedra fue tajante: al haber desaparecido la Junta de Sevilla que lo había designado, la autoridad de Cisneros había fenecido. Le aclaró que las fuerzas militares no lo sostendrían frente a la presión popular y que su continuidad no era una opción posible.
Algunas versiones históricas relatan que, durante esa misma noche, Nicolás Rodríguez Peña y Juan José Castelli se apersonaron en el Fuerte para exigir nuevamente la renuncia. Ante la insolencia inicial de Cisneros, Rodríguez Peña le habría advertido que solo tenía cinco minutos para responder. Tras una breve consulta privada con el fiscal del crimen Antonio Caspe, el virrey habría sentenciado: “Ya que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran”.
En este punto, los historiadores mantienen el debate: unos sostienen que Cisneros aceptó presentar su renuncia, mientras otros creen que accedió al Cabildo Abierto con la esperanza oculta de ser ratificado en el cargo. Lo cierto es que, tras estas tensas gestiones, los patriotas comunicaron a los ciudadanos congregados en el centro que la misión había sido cumplida.
La algarabía fue masiva ante la evidencia de que el virrey ya no podía sostenerse. Sin embargo, la sinuosidad de nuestra historia y la dinámica frenética de la disputa por el poder aún tenían capítulos decisivos por escribir.
Ruben Ruiz - El Pelícano


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