18 de septiembre: Florentino Ameghino, el sabio autodidacta que desentrañó el pasado de nuestra tierra

A 172 años de su nacimiento, el tributo al científico nacido en Luján que revolucionó la paleontología, la geología y la antropología. De sus expediciones en busca de fósiles a sus controversiales teorías, su legado en el Museo de La Plata y la apasionada defensa de la ciencia nacional.
Las Efemérides del "Pelícano"Hace 1 horaDiario BonaerenseDiario Bonaerense

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Un día como hoy, pero de 1854, nació en la ciudad de Luján el científico Florentino Ameghino. Fue paleontólogo, zoólogo, naturalista, geólogo, antropólogo y climatólogo. Concurrió a una escuela de su ciudad natal y allí sorprendió a sus maestros por su curiosidad y capacidad de comprensión. Se formó de manera autodidacta a partir de numerosas observaciones y lecturas que —muchas veces— realizaba con su padre.

En Luján ya había una tradición de descubrimientos paleontológicos por la actividad desarrollada por Francisco Javier Muñiz que, seguramente, influyó en Ameghino para que observara los fósiles de la barranca del río. Sus amigos lo llamaban «El loco de los huesos» por su costumbre de hurgar con pico y pala en las cercanías del río Luján en busca de restos fósiles.

A instancias de uno de sus maestros, Carlos d’Aste, se mudó a Buenos Aires y estudió francés. Esto le permitió leer las obras de científicos como Lyell y Burmeister e ingresar a la Escuela Normal de Preceptores, en la que se recibió con el título de Maestro Elemental.

En 1869 fue nombrado maestro (y posteriormente director) en la ciudad de Mercedes, lo que le permitió continuar con su aprendizaje en ciencias naturales en su ciudad natal. Entre 1871 y 1875 escribió una obra que logró publicar en 1880: La antigüedad del hombre en el Plata (con 25 láminas grandes y 700 ilustraciones menores). Simultáneamente enviaba trabajos a la Sociedad Científica Argentina que —en 1876— premió una de sus investigaciones: El hombre cuaternario en la pampa.

En 1878 se embarcó hacia Europa para participar de la Exposición Universal de París, donde se conectó con las novedades científicas de la época. Pero ese viaje se prolongó por dos años en los que participó de otros congresos y desarrolló una insólita actividad económica: la venta de fósiles que había acumulado en cantidad. Eso le permitió vivir y volver con una suma de dinero que le alcanzó para publicar su libro y abrir una librería.

Pero no todo fueron congresos, investigaciones y trabajo. En ese viaje conoció a la francesa Leontine Poirier, con quien se casó, convivió el resto de su vida y fue un baluarte cuando sus investigaciones eran denostadas o ninguneadas, su economía familiar flaqueaba y su ánimo también.

A su regreso se instaló en Buenos Aires e inauguró la librería «Glyptodon» en la calle Rivadavia, que le permitió financiar sus estudios y los viajes exploratorios de su hermano Carlos por La Pampa y la Patagonia, en los que recolectaba fósiles y realizaba diversas observaciones científicas.

En 1886 fue nombrado por Francisco P. Moreno en el cargo de subdirector y secretario del Museo de La Plata, donde consolidó el Departamento de Paleontología y lo enriqueció con su propia colección. Logró que su hermano Carlos fuera nombrado naturalista viajero para continuar con las investigaciones en el Sur argentino, pero por discrepancias con Francisco Moreno los hermanos Ameghino renunciaron a sus cargos. Su permanencia duró solo dos años.

Pero en ese interregno abrió también en la ciudad de La Plata la librería «Rivadavia», en la esquina de la calle 11 y Avenida 60, que rápidamente se convirtió en el centro de reunión de científicos, educadores, políticos y personalidades de diferentes ámbitos sociales. Fijó su residencia en la hermosa ciudad de las diagonales.

En 1902 fue nombrado director del Museo Nacional de Historia Natural de Buenos Aires (actualmente Museo Argentino de Ciencias Naturales), cargo que ocupó hasta su muerte. Se trasladaba diariamente en tren desde La Plata a Buenos Aires en un viaje que le insumía entre una hora y una hora y media, y se transformó en un férreo defensor de los derechos de los pasajeros ferroviarios ocupando la presidencia de la Liga Popular de Resistencia a las altas tarifas del Ferrocarril del Sud, desde donde se enfrentó con las autoridades ferroviarias por el valor del pasaje, el estado de los vagones y su higiene.

Los resultados de sus investigaciones en la pampa argentina, Monte Hermoso, Mar del Plata, Necochea y en la Patagonia, o de sus exploraciones en los yacimientos prehistóricos de Chelles en Francia, quedaron plasmados en numerosas obras que revelan el monumental trabajo de observación, recopilación y síntesis científica que llevó a cabo.

Su obra máxima fue Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina (1889), de 1028 páginas y un atlas con un centenar de láminas de gran formato, que —con las modificaciones lógicas del tiempo— sigue siendo la base que fijó el esquema de clasificación que aún hoy se usa para las investigaciones de este tipo.

Pero escribió otras obras importantes: Los mamíferos fósiles de la América Meridional y La formación pampeana (1880); Filogenia (1884), en la que defiende su hipótesis de que las leyes que rigen el mundo físico son las mismas que valen para el mundo humano, en el plano individual como en el político-social (libro que le trajo una dura polémica con la Iglesia argentina); El origen del hombre (1907); y su obra póstuma e incompleta El origen poligénico del lenguaje.

Además escribió Las secas y las inundaciones en la Provincia de Buenos Aires, en la que refiere al problema ocasionado por el secamiento del sistema de lagunas Encadenadas (en la provincia de Buenos Aires) y su resolución mediante canalizaciones que retuvieran el agua de los períodos ricos y derivaran el agua dulce excedente a zonas bajas, forestación de las orillas erosionadas de los ríos, creación de embalses para la piscicultura intensiva y construcción de una red de canales navegables con esclusas de navegación para el transporte a bajo precio con barcazas remolcadas de las producciones regionales.

En 1909 falleció su esposa y comenzó un largo período de depresión que afectó su diabetes (que, curiosamente, se negó a tratar) y que determinó su muerte en 1911.

Sabio de gabinete, verdadero explorador, evolucionista apasionado, autodidacta ilustrado, descriptor preciso, tenaz, incansable, perspicaz, directo. Un lujo…

¡Salud, Ameghino! Por descubrir y enseñarnos la compleja evolución de nuestros antepasados, sus intercambios, su cultura, su forma de vivir. De esa lejanía venimos y algo de ellos/as nos acompaña…

Ruben Ruiz - El Pelícano

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