
Murió Cherquis, el último caballero del periodismo deportivo
Fabio Perussich
Tenía 85 años y marcó un estilo que lo distinguió. Agudo crítico de boxeo, también siguió de cerca el fútbol y hasta cubrió el match Fischer-Spassky en plena Guerra Fría
Con la muerte de Ernesto Cherquis Bialo, producida este viernes a los 85 años, empieza a cerrarse definitivamente el largo ciclo histórico que durante buena parte del siglo XX (sobre todo) hermanó al periodismo deportivo con el mejor uso posible del idioma y construyó desde allí crónicas escritas con la letra y el espíritu de verdaderas novelas.

Esa narrativa, que encontró su cumbre en las mejores épocas del semanario El Gráfico, tuvo en Cherquis a uno de sus más notables exponentes a través de una larga serie de antológicos relatos ambientados sobre todo en el mundo del boxeo cuando sus protagonistas (Muhammad Alí, Carlos Monzón, Oscar Bonavena, entre otros) recorrían el mundo jugándose en el ring el título mundial rodeados de apuestas millonarias, lujo, glamour, farándula y viajes rápidos entre la gloria y el ocaso.
Para escribir esas historias de triunfos y miserias siempre estaba Cherquis, un “hipnotizador con la palabra”, según la certera definición de uno de sus mejores amigos en el oficio, Alejandro Wall. Hace un año, comentando una entrevista que Cherquis ofreció en un canal de streaming, Wall resumió a la perfección la suma de atributos que distinguió al periodista entre sus pares a lo largo de una trayectoria extensa, apasionada y llena de vaivenes. Digna de las crónicas noveladas que él mismo firmaba después de observar vidas ajenas de deportistas exitosos en pleno ejercicio de la fama.
Cherquis nació en la calle Yi, ubicada en el corazón de Montevideo, el 30 de septiembre de 1940. Durante la infancia, su familia (descendiente de emigrantes llegados al Río de la Plata desde Europa Oriental) vivió entre Uruguay y la Argentina, con un padre dedicado al comercio de antigüedades. Ya adolescente se estableció en Buenos Aires e inició su carrera en el periodismo como pasante del diario Clarín, atraído por figuras como Carlos Solé y Fioravanti, maestros del relato futbolístico.
De ellos admiraba sobre todo la riqueza de las palabras que usaban al describir lo que pasaba durante un partido. “Reunir fútbol e idioma en mi trabajo era como la síntesis perfecta de las cosas que me hacían feliz”, dijo a un medio uruguayo hace algunos años. En 1963 llegó a El Gráfico gracias a una beca y vivió el comienzo de esa larguísima etapa (la más fecunda de su carrera, que culminó como director de la revista) como si ese semanario fuese una “escuelita”: aprendió a clasificar fotos, archivar textos, hacer largas guardias periodísticas, acompañar a las grandes firmas para ver cómo cubrían partidos o entrevistaban a los famosos. Después tenían que escribir simulacros de crónicas que jamás se publicarían.

También dedicó los últimos años a preparar una biografía (que nunca logró terminar) de Julio Grondona, el longevo y autoritario hombre fuerte de la AFA (la presidió durante 35 años) y del fútbol argentino, de quien fue vocero hasta su fallecimiento en 2014. “Murió Churchill, murió un estadista”, dijo en ese momento. Cherquis siempre fue indulgente con Grondona, inclusive en los momentos en que más se cuestionaron aquí y en el exterior algunos de sus comportamientos, así como de gente muy cercana a su poderosa influencia. Sostuvo con insistencia esa enfática defensa en medio de un escenario dirigencial local e internacional marcado por múltiples denuncias de supuestos hechos de corrupción.
Hasta el final, Cherquis añoró en público el tiempo en que “no había intermediarios ni agente de prensa ni influencers”. También lamentaba de las nuevas generaciones la escasa formación ”en el manejo del lenguaje, la terminología y la ponderación de los hechos” sobre todo en los medios audiovisuales. Estaba convencido de que el periodismo deportivo (sobre todo en su versión en papel) murió y que en su lugar había nacido otra cosa todavía difícil de definir, la comunicación.
En este párrafo quiero expresar en forma personal, la increíble experiencia que tuve como apasionado de la comunicación y el periodismo, entablar diálogo con un maestro, donde con su inmenso vocabulario lleno de sinónimos, antónimos, adjetivos, adverbios, silencios y reflexiones, daba clases de caballerosidad, respecto por el lenguaje y perfeccionismo del periodismo, Humilde en sus rol de maestro inconsciente, apasionado de contagiar el hacer del periodismo una herramienta de la democracia y el mensaje. El boxeo, el fútbol, sus viajes, sus noches porteñas, sus anécdotas, y sus frases, quedó pendiente traerte a mi querida ciudad (Bahía Blanca) para realizar la presentación de un libro y una conferencia taller donde me expresaste: "Querido Fabio que honor que me invites a compartir contigo una conversación pública con los amigos de tu ciudad, que honor que un periodista apasionado y respetuoso de la comunicación quiera compartir junto a mi esta hermosa experiencia, debo confesarte que estoy pasando por un momento delicado de salud ( nunca dijo que le pasaba) pero debemos juntarnos en Buenos Aires para seguir construyendo este vínculo y defender juntos el poder de la comunicación"
Hasta siempre querido caballero y maestro gracias por haberme dado la oportunidad de conocernos y compartir tu experiencia y conocimiento. QEPD
Fabio Perussich
Director Diario Bonaerense
Fuente: La Nación/Diario Bonaerense


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