Wos convirtió Villa Ballester en una fiesta colectiva en el tramo final de su gira bonaerense

Entre familias, pogo y canciones coreadas de principio a fin, el artista pasó por Villa Ballester con un show íntimo en el tramo final de su gira bonaerense.
EspectáculosHace 4 horasMaría Emilia FaildeMaría Emilia Failde

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Hacía frío, bastante. De ese que te obliga a no soltar la campera ni un segundo. Pero en el Club Alemán de Villa Ballester eso era casi un detalle. Desde temprano se veía venir que la noche iba a ir por otro lado: familias enteras, grupos de amigos, chicos —chicos chicos— corriendo entre la gente y después, ya más cerca del escenario, las primeras filas listas para el pogo.

El show estaba anunciado para las 21 y arrancó apenas unos minutos después. Sin demasiada vuelta, Wos salió y abrió con “Descartable”. Ahí ya se acomodó todo: el pulso, el volumen, el clima.

Con su banda —Chipi Rud en guitarra, Natasha Iurcovich en bajo, Francisco Azorai en teclados y Tomi Sainz en batería— el show fue avanzando con esa mezcla que ya es marca propia: momentos de pura intensidad y otros donde todo baja un poco, pero no se enfría nunca.

Lo que más llamaba la atención no estaba solo arriba del escenario. Era lo que pasaba alrededor. Mucha familia, muchos chicos cantando cada tema de memoria, algo que sigue sorprendiendo. Algunos, subidos a los hombros de sus padres, coreando como si esas canciones también fueran parte de su historia. Adelante, pogo y energía; más atrás, gente siguiendo cada letra con otra calma, pero con la misma atención.

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En un momento llegó el freestyle, ese espacio que Wos siempre se guarda para romper la estructura. Improvisó sobre lo que estaba pasando ahí mismo, y entre las rimas apareció una imagen que resumía la escena: “acá ondea la bandera de Argentina, esa es la mía, esa es la tuya; no dejemos que algún gil la destruya”. Las banderas que se movían entre el público terminaron de cerrar ese momento, con un ida y vuelta que fue de los más celebrados de la noche.

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El punto más emotivo llegó con “Quemarás”. En la pantalla apareció la imagen del Indio Solari y el clima cambió. No hizo falta demasiado más: la canción, el respeto del público y, sobre el final, un mensaje simple que se llevó todo —“Gracias Indio eterno”—. 

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El recorrido siguió sin pausas largas, pasando por distintos momentos de su repertorio, con la gente siempre adentro. Saltando, cantando o simplemente escuchando. Cada uno a su manera, pero todos en la misma.

El cierre con “Púrpura” terminó de confirmar lo que ya se venía sintiendo desde el principio: que el frío estaba, sí, pero que no importaba demasiado. Había otra cosa ocupando ese lugar.

La presentación en Villa Ballester marcó una de las últimas paradas de la Gira Bonaerense. El cierre será en el Microestadio de Lanús, con dos shows —el 19 y el 20 de junio— que ya se encuentran agotados.

En un momento donde todo tiende a lo grande, Wos eligió volver a tocar cerca. Y en esa decisión aparece algo que no siempre se puede explicar del todo, pero que se siente: cuando el recital termina y te vas, sabés que no fue uno más.

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