Escándalo en Transener, tres meses después de la privatización los Neuss vaciaron la caja de la empresa y se pagaron la compra

Los nuevos dueños de la transportadora decidieron repartirse 256 mil millones den dividendos, dinero provenía de ganancias acumuladas antes de la privatización. Casi el valor que les costó comprarla.
 
ActualidadHace 1 horaDiario BonaerenseDiario Bonaerense

Los hermanos Neuss concretaron un viejo truco de las privatizaciones argentinas pagar la empresa con los recursos de la propia empresa. El gobierno de Milei privatizó su participación en la transportadora de energía eléctrica Transener y el consorcio liderado por los libertarios hermanos Neuss encontró una caja repleta. 

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La privatización se anunció en mayo, pero recién hace uno días terminó de perfeccionarse el traspaso de acciones. Pegado al cambio de manos, el nuevo directorio de la transportista eléctrica aprobó distribuir $253.535.989.514 en efectivo entre los nuevos dueños. Un monto que representa casi dos tercios de los USD 356 millones que pagaron los Neuss por quedarse con la compañía estratégica, que Milei decidió vender por un número que el mercado estima estuvo bastante por debajo de su valor real, como revelan las ganancias acumuladas.

El dinero repartido salió de una reserva constituida con ganancias anteriores, cuando el Estado todavía participaba del control a través de Enarsa. "Es una estafa de guante blanco, ", resumió a LPO un empresario del sector , que siguió de cerca la operación. 

La secuencia quedó registrada en los documentos enviados a la Comisión Nacional de Valores.  El 27 de agosto, Transener informó que su directorio había resuelto ese mismo día repartir los $253.536 mil millones mediante la "desafectación parcial de la cuenta de reserva destinada al pago de futuros dividendos". Al día siguiente, 28 de agosto, Genneia comunicó a la CNV que se había "perfeccionado la transferencia" de la totalidad de la participación de Enarsa en Citelec a favor de Transmisión Eléctrica SA, la sociedad controlada conjuntamente por Genneia y Edison Transmisión de los Neuss. 

La caja no apareció por generación espontánea. En la asamblea del 30 de abril, cuando las acciones todavía estaban en manos del Estado, Transener destinó alrededor de $522.590 mil millones a una reserva para futuros dividendos. Cuatro meses después, ya con los dueños privados se abrió la alcancía: el directorio resolvió distribuir casi la mitad, $253.536 mil millones. Los nuevos accionistas no habían generado esas ganancias. El resultado había quedado acumulado dentro de la compañía antes del traspaso. 

La privatización se anunció en mayo, pero recién hace uno días terminó de perfeccionarse el traspaso de acciones. Pegado al cambio de manos, el nuevo directorio de la transportista eléctrica aprobó distribuir $253.535.989.514 en efectivo entre los nuevos dueños. Un monto cercano a los poco más de USD 300 millones que pagaron los Neuss por quedarse con la compañía.

Lo notable es que ese reparto de "ganancias" se produce cuando todo el sistema reconoce que el cuello de botella del sistema eléctrico argentino que causa los apagones y cortes de luz está en el transporte, que es a lo que se dedica Transener. Es decir, lo lógico sería destinar esos fondos que heredaron a inversiones para mejorar la red, no llevársela a la casa.

Transener es una pieza central del sistema eléctrico argentino. Opera la red de transporte de energía eléctrica en extra alta tensión y más de 12.000 kilómetros de líneas de 500 kV que atraviesan el país. Su control societario se ejerce a través de Citelec, que posee el 52,65% de las acciones de Transener. 

Hasta la privatización, Citelec estaba repartida en partes iguales: 50% pertenecía a Pampa Energía, de Marcelo Mindlin, y el otro 50% a la estatal Enarsa. Por esa estructura, el Estado tenía a través de Enarsa una participación económica indirecta equivalente a aproximadamente 26,32% de Transener. 

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Marcelo Mindlin, dueño del 50% de Transener.

El gobierno de Milei decidió venderla. El Ministerio de Economía estableció un precio base de 206 millones de dólares por el 50% de Citelec y recibió tres ofertas. Edenor ofreció 230 millones de dólares; Central Puerto, 301 millones; y el consorcio integrado por Genneia y Edison de los hermanos Neuss ganó con 356 millones de dólares. En el mercado estimaron que el precio base fijado por el gobierno estaba muy por debajo del valor real de la compañía. Curioso que un gobierno decida malvender un activo que cotiza en dólares y produce ganancias de cientos de miles de millones.

La licitación incluso tuvo un episodio oscuro. Durante la apertura electrónica de las ofertas aparecieron inicialmente como ganadoras las propuestas de Central Puerto y Edenor, mientras la de Genneia y Edison no se visualizaba por "problemas en el sistema", según los funcionarios a cargo del proceso que dependen del ministro Toto Caputo. Finalmente cuando el sistema se "arregló" apareció la oferta ganadora de los Neuss. Como si alguien les hubiera permitido ver las ofertas de sus competidores y luego ofrecer más. 

Los Neuss como se sabe son muy cercanos al gobierno de Milei y tuvieron un crecimiento delirante durante la actual gestión. "Capitalismo de amigos", sintetizó un empresario del sector, que vaticinó: "En el largo plazo no es buena idea abusar de los contactos políticos para quedarte con todo".

El tema es que el reparto de dividendos vuelve a abrir la discusión sobre el precio al que decidió el Estado desprenderse de un activo estratégico. La discusión, excede la legalidad formal del dividendo. Una empresa puede distribuir ganancias acumuladas y una privatización puede transferir los derechos económicos asociados a las acciones. El problema es la valuación. Si dentro de la compañía existen cientos de miles de millones de pesos acumulados y disponibles para repartir, esa caja forma parte del valor económico del activo que se vende. De lo contrario, el comprador puede terminar recuperando rápidamente una parte del precio con el propio patrimonio de la empresa adquirida. Que fue exactamente lo que pasó.

Los compradores tampoco son hombres para menospreciar. Genneia, que se consolidó como la principal generadora de energías renovables del país es propiedad de Jorge Brito y Ezequiel Carballo; en sociedad con Edison, de los hermanos Juan y Patricio Neuss, Newsan de Ruben Cherñajovsky y Luis Galli: más el fondo Inverlat de Guillermo Stanley y Federico Salvai. Brito está coqueteando con una candidatura presidencial. "Es raro lo de Brito como candidato para competirle a Milei, tiene mucho negocio cruzado por el Gobierno", afirmó a LPO un empresario del sector.

Los Neuss protagonizaron una expansión acelerada durante el gobierno de Milei, con posiciones en distribución, transporte y generación eléctrica. Desde una pequeña distribuido en Río Negro, se quedaron con las compañías eléctricas de Tucumán y Jujuy, además de una transportadora del norte y represas en la Patagonia. La compra de Transener los coloca ahora en el corazón de la red nacional de alta tensión. 

La privatización terminó así reuniendo alrededor de Transener a algunos de los grupos empresarios que más posiciones acumularon en el sector energético en los últimos años. 

Pero hay otra particularidad que vuelve más delicado el reparto de utilidades decidido por los nuevos dueños de Transener. El Estado no salió completamente de Transener. Aunque vendió su participación indirecta a través de Enarsa, conserva directamente 87.043.370 acciones Clase B mediante el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES. 

Los papeles que tiene el FGS representan el 19,6% del capital de Transener. Es decir, casi una quinta parte de la principal transportista eléctrica continúa perteneciendo al fondo que respalda el sistema previsional. 

Eso también significa que el FGS participa del dividendo aprobado. Sobre los $253.536 millones distribuidos, una participación del 19,57% representa aproximadamente $49.615 millones para el Fondo, antes de considerar cualquier particularidad societaria o impositiva. 

Pero su papel no termina en cobrar dividendos. Con semejante paquete accionario, el FGS tiene derechos políticos y representantes cuya tarea es tutelar el valor de esas acciones. Allí aparece Flavia Vanesa Bevilacqua, una funcionaria especializada precisamente en ese terreno. Esta abogada de la UCA ocupa un cargo en el área de Gestión Estratégica y Asuntos Societarios del FGS, y su trabajo consiste en intervenir en la administración de las participaciones que el Fondo mantiene en compañías privadas. 

Bevilacqua fue directora titular de Transener durante el gobierno de Milei y actualmente continúa como directora suplente Clase B. Su recorrido muestra hasta qué punto conoce la trama societaria del sector. Bevilacqua aparece además en directorios de otras empresas donde el FGS conserva acciones y es directora suplente de Pampa Energía, justamente la compañía de Mindlin que posee el restante 50% de Citelec. 

También tiene participación en los directorios de empresas como Edenor, Naturgy y Mirgor. No es una representante ornamental: pertenece al área del Estado encargada específicamente de vigilar estas inversiones. Por eso ahora queda una pregunta que atraviesa toda la operación: qué posición adoptaron los representantes del FGS frente a la decisión de liberar $253.536 millones de una reserva construida antes de la privatización y qué análisis hicieron sobre el efecto que esa caja tenía en la valuación de Transener antes de que Enarsa vendiera su participación. 

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Fuente: LPO

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