24 de junio: Fundación de Eudeba, la gesta cultural que llevó los libros de la universidad a las calles

A 68 años de la creación de la Editorial de la Universidad de Buenos Aires, recordamos el proyecto que revolucionó la industria del libro y democratizó el acceso al conocimiento. Bajo el liderazgo de Boris Spivacow, el sello combinó excelencia académica, precios accesibles y canales de distribución inéditos para cumplir la máxima de "libros para más gente", transformándose en un hito de la cultura nacional que resistió la censura y hoy se proyecta hacia el futuro.
Las Efemérides del "Pelícano"24 de junio de 2026Diario BonaerenseDiario Bonaerense

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Un día como hoy, pero de 1958, nacía la Editorial de la Universidad de Buenos Aires (Eudeba), sello editor de la UBA que estimuló la difusión y expansión del pensamiento científico, la divulgación del conocimiento en general, la actualización de los especialistas con publicaciones de las novedades nacionales e internacionales, la edición de libros de calidad a precios accesibles y, fundamentalmente, afianzó el surgimiento de un nuevo profesional en la publicación de libros: el editor.

La creación de Eudeba tiene su historia.

En 1904 se comenzó a publicar la Revista de la Universidad de Buenos Aires, cuyo director fue Rodolfo Rivarola y su primer lema fue “la Revista debe ser lo que sea la Universidad; y no lo que sea su Director”. Se imprimió en la imprenta Didot de Félix Lajouane y Cía. Surgió con la aspiración de “...reflectar la ciencia y el pensamiento de la Universidad, a estimular el estudio de los grandes problemas de la educación nacional, a reunir fuerzas disgregadas o perdidas en la tarea común de trabajar la propia institución, y a cimentar en la estimación recíproca y en la justa apreciación del mérito individual, el sentimiento de solidaridad, no siempre manifiesto en los accidentes de la vida universitaria”, tal como se podía leer en su primera edición.

Pasó diferentes etapas hasta que en 1955 se creó el Departamento Editorial de la Universidad de Buenos Aires, que se hizo cargo de la publicación y editó una serie de libros de derecho, ciencias sociales, ciencias económicas, agronomía, veterinaria, filosofía, letras e historia.

En 1958, a instancias del rector de la UBA Risieri Frondizi, el Departamento Editorial fue sustituido por Eudeba, una sociedad del Estado (el 99% de sus acciones pertenecían a la UBA y el 1% a aportes privados) que, con el tiempo, fue variando hacia una sociedad mixta. Para elaborar el proyecto se convocó al editor y químico argentino-mexicano Arnaldo Orfila Reynal, que estaba dirigiendo el Fondo de Cultura Económica de México. El proyecto incluía desde la estructura técnico-administrativa hasta los sistemas de comercialización, costos, precios y la propuesta editorial.

Y Orfila Reynal propuso para el cargo de gerente a un profesor de análisis matemático de la UBA, Boris Spivacow, más popularmente conocido como “El loco”, que ya trabajaba en la editorial Abril, fue bastonero entusiasta del desafío y dictó cátedra desde su puesto. El proyecto editorial abarcaba casi toda la cancha: series especializadas en temas de didáctica y educación, tratados teóricos, obras de consulta, teoría e investigación, extensión cultural con textos clásicos y textos americanos; literatura argentina; manuales, una serie de publicaciones relacionadas a problemas contemporáneos y una colección de divulgación. También existía una planificación sobre tiradas para cada serie y un cronograma de publicaciones para el primer año.

El primer directorio estuvo integrado por:

  • Ing. José Babini, presidente

  • Dr. Guillermo Ahumada, vicepresidente

  • Ing. Humberto Ciancaglini, secretario

  • Dr. Alfredo Lanari; Dra. Telma Reca de Acosta; Dr. José Luis Romero; Dr. Ignacio Winizky, vocales.

  • Enrique Silberstein, síndico.

Puestos a rodar, Spivacow convocó a Mirian Polak para el cargo de secretaria general (posteriormente, subgerenta) y conformó un sólido equipo interdisciplinario. Sus conocimientos de matemáticas y estadística y su experiencia editorial previa le permitirieron idear un catálogo versátil y un modo de distribución y comercialización inéditos para ese momento. Un objetivo central fue que el precio de las publicaciones fuera accesible. “Que un libro costara menos que un kilo de pan”, repetía. Las consignas que guiaban la acción fueron claras: “Libros para ser libres” y “Libros para todos”.

Fue el pionero en vender libros y colecciones en los kioscos, dentro y fuera de la facultad o en puestos callejeros, en promover descuentos para alumnos y profesores, en difundir sus títulos mediante avisos publicitarios en diarios, en revistas y semanarios, realizar conferencias de prensa, incursionar con micros radiales y entrevistas televisivas, aparecer en lanzamientos en noticieros cinematográficos (Sucesos Argentinos), colocar afiches callejeros en las principales ciudades de nuestro país, convocar a concursos y apostar sistemáticamente por la exportación de libros.

En 1959 apareció Cuadernos de Eudeba, una colección con contenidos de interés sobre ciencias sociales, naturales, exactas y artes. Luego los Temas de Eudeba, pensados para padres y maestros pero que sirvieron como bibliografía para las carreras recién creadas como Sociología o Psicología. Más tarde, los Manuales de Eudeba, material introductorio o de consulta en la universidad; las traducciones de los clásicos de la filosofía, Lectores de Eudeba, La biblioteca de América; en paralelo, la colección popular Serie del nuevo mundo o la Biblioteca de Asia y África, que abrevaba en el conocimiento del Tercer Mundo y cuestiones de actualidad.

Otro golazo en el mundo universitario fueron las Ediciones previas, materiales de cátedra o textos de estudio que se iban mejorando con el uso que hacían los estudiantes y profesores. Para acrecentar su estilo de “borrador”, se escribían a máquina. También aparecieron colecciones de gran impacto popular como La serie del siglo y medio, que contaba con obras de escritores nacionales, acontecimientos históricos y costumbres populares. El trabajo conjunto con artistas plásticos argentinos como Berni, Soldi, Alonso o Urruchúa tuvo un pico de popularidad con la edición del Martín Fierro ilustrada por Juan Carlos Castagnino (se vendieron 250.000 ejemplares).

La lista es muy extensa y el trabajo realizado esos años fue copioso. Eudeba lleva publicados más de 10.000 títulos y tuvo canales de distribución formados por 835 distribuidoras y librerías, 103 puestos de diarios y revistas, 7 kioscos en hospitales, 40 stands en las facultades de casi todo el país, 65 concesionarias, 40 vendedores a crédito y dos librerías propias. Reforzó el vínculo del pueblo lector con sus escritores y artistas, divulgó saber, recobró obras olvidadas y dio a conocer otras inéditas, inundó de cultura y ciencia muchas calles y barrios.

Construyó capital simbólico con calidad académica, cuidado estético de las ediciones, apego popular y un desarrollo económico y equilibrio financiero originado en su propio producto. No apeló sistemáticamente a los fondos de la universidad para su sostenimiento; lo logró con creatividad, ingenio, dinamismo, esfuerzo colectivo y liderazgo reconocido.

Luego vino el golpe de Estado de 1966, la Noche de los bastones largos y la renuncia de Boris Spivacow y su equipo, que se formalizó en una renuncia colectiva y se transformó en una denuncia pública contra la dictadura entrante. Un pequeño respiro democrático al principio de la década del ’70 y una nueva dictadura, esta vez más sangrienta e ignorante, que se regodeó secuestrando y quemando 90.000 volúmenes.

Hoy, Eudeba goza de buena salud. Los diferentes gobiernos democráticos ayudaron a su autofinanciamiento, las diferentes gestiones sumaron su experiencia y su capital simbólico crece. Los nuevos desafíos son diversos: producir libros, colecciones y catálogos atractivos y actuales, descubrir autores, redescubrir “joyas” de otros tiempos e introducirse en el mundo del e-book. Y ser un canal importante para la consolidación de los editores y las editoras, esos profesionales (con alma de artesanos) aún invisibilizados, que permiten que los libros digan con mayor precisión lo que los autores quieren expresar y que los lectores tengan una mejor comprensión literaria.

¡Salud, Eudeba! Por tu impronta y la importancia de tu existencia. Siempre es bueno recordar que el acceso a la cultura y las ciencias de las mayorías tienen un palenque donde descansar y sostenerse.

Ruben Ruiz - El Pelícano

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