---
canonical_url: "https://diariobonaerense.com.ar/contenido/6515/9-de-agosto-mary-g-ross-la-matematica-cherokee-que-abrio-el-camino-a-la-explorac"
title: "9 de agosto: Mary G. Ross, la matemática Cherokee que abrió el camino a la exploración espacial"
article_type: "Article"
description: "Un recorrido por la fascinante historia de la primera ingeniera indígena estadounidense. Pionera en un mundo dominado por hombres, sus innovadores cálculos en ingeniería espacial y sistemas de misiles para Lockheed Martin fueron clave en el éxito del programa Gemini, sentando las bases operativas para la llegada del ser humano a la Luna."
main_image: "https://diariobonaerense.com.ar/download/multimedia.normal.8da32fe3e3ac40b8.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp"
date_published: "2026-08-09T08:00:00-03:00"
date_modified: "2026-08-05T14:10:14-03:00"
tags:
  - "Diario Bonaerense"
  - "Efemérides"
  - "Ruben Ruiz - El Pelícano"
author_name: "Diario Bonaerense"
author_url: "https://diariobonaerense.com.ar/usuario/2/diario-bonaerense"
author_bio: "Diario de la Provincia de Buenos Aires"
category_name: "Las Efemérides del \"Pelícano\""
category_url: "https://diariobonaerense.com.ar/categoria/23/las-efemerides-del-pelicano"
category_description: "Efemérides"
---

# 9 de agosto: Mary G. Ross, la matemática Cherokee que abrió el camino a la exploración espacial

![Captura de pantalla 2026-08-05 140727](/download/multimedia.normal.baf6e695e2fc6916.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Un día como hoy, pero de 1908, nacía Mary Golda Ross, matemática, primera ingeniera indígena norteamericana (perteneciente a la nación Cherokee) y científica espacial que participó en el diseño de conceptos para viajes espaciales interplanetarios, vuelos tripulados y no tripulados alrededor de la Tierra, así como en estudios preliminares de satélites en órbita.

Nació en Park Hill, estado de Oklahoma, centro de la cultura Cherokee luego de que el gobierno federal obligara a esa nación a emigrar al oeste a través del desgarrador "Sendero de las Lágrimas". Su bisabuelo fue el emblemático jefe John Ross y sus padres fueron William Wallace y Mary Henrietta Moore Ross. Aprendió a leer escuchando cómo su padre le enseñaba a su hermana mayor y, desde muy pequeña, quedó cautivada por las matemáticas: le parecían divertidas.

La comunidad cherokee apreciaba profundamente la educación y consideraba que los niños y niñas debían tener las mismas oportunidades de aprender. Mary se destacaba por su rapidez y terminó los estudios primarios un año antes de lo previsto. A los 16 años fue enviada a vivir con sus abuelos en la capital de la nación Cherokee, la ciudad de Tahlequah.

Ingresó al Colegio Estatal de Maestros del Noreste. Caminaba seis  kilómetros  diarios para llegar. Era la única mujer. Los varones no comulgaban con esa atípica situación: se sentaban de un lado del aula y Mary se acomodaba solitaria en el otro extremo. Fueron años duros que supo manejar con templanza, paciencia y, muchas veces, mostrando mayor capacidad de aprendizaje que sus ocasionales compañeros.

En 1928 se graduó en Matemáticas y Herencia Cultural Cherokee. Trabajó como maestra de Matemáticas y Ciencias en varias escuelas rurales de Oklahoma. Era la época de la Gran Depresión y  el dinero no alcanzaba. Postuló para un puesto en la administración federal y ganó su concurso: ingresó en la sección  Estadísticas de la Oficina de Asuntos Indígena s en Washington, D.C. Con su economía más holgada, decidió ir por la maestría en Matemáticas. Realizó los cursos de verano en el Colegio Estatal de Maestros de Colorado, donde se graduó en 1938 y tomó sus primeras clases de astronomía.

En 1937 había sido reasignada como asesora residente en el internado indoamericano de la ciudad de Santa Fe, estado de Nuevo México; pero su persistencia por mejor ar sus ingresos y alcanzar nuevos conocimientos la impul só a mudarse a California en 1941. Un año después se postuló para ingresar en la empresa Lockheed Martin, fabricante de aviones militares. Ingresó como matemática en el equipo de diseño del modelo P-38 Lightning, un avión que podía volar 1.500 kilómetros sin reponer combustible y alcanzar una velocidad de 600 km/h, aunque presentaba problemas con los efectos de la presión al alcanzar su máxima velocidad y con su aeroelasticidad.

Las herramientas de última generación que usaba el equipo de Mary eran una regla de cálculo y una calculadora mecánica Friden. Solucionaron los problemas y el avión se convirtió en uno de l os elementos  clave de la victoria aliada en el frente occidental. El gerente de Aerodinámica de Lockheed quedó impactado por el trabajo de Mary y le preguntó si quería convertirse en ingeniera. Ella respondió afirmativamente y comenzó otra historia: tomó cursos de capacitación acelera da en ingeniería aeronáutica y trabajó como aprendiz de ingeniera durante los años que duró la guerra.

Fin alizada la contienda mundial, ingresó en la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles), donde estudió ingenierí a moderna, aeronáutica,  mecánica celeste y de misiles, logrando la certificación de Ingeniera Profesional en 1949. Tres años más tarde se incorporó al ultrasecreto Programa de Desarrollo Avanzado de Lockheed, apodado *Skunk Works*, instalado en una carpa de circo frente a una fábrica de plásticos abandonada. El equipo estaba formado por 40 científicos; Mary era la única mujer y la única indígena norteamericana.

Inicialmente se trabajó en el diseño de sistemas de misiles, satélites y vuelos con o sin tripulación en la órbita terrestre para el ejército. Más tarde, avanzaron en esquemas de vuelos de reconocimiento a Marte y Venus. Investigaron la viabilidad y rendimiento de misiles balísticos y estudiaron la distribución de la presión ejercida por las olas del océano sobre elementos lanzados desde submarinos. Sin embargo, la desatada competencia por la supremacía en la carrera espacial con los soviéticos redireccionó los estudios hacia otros horizontes. En 1961 Yuri Gagarin se convirtió en el primer astronauta en completar una órbita terrestre y, al año siguiente, la NASA replicó la hazaña con una nave al mando de John Glenn.

Los desafíos en la atmósfera terrestre eran enormes y los viajes interplanetarios aparecían como una posibilidad tangible. Pero existía un problema inicial: un cohete debía cargar su propio oxígeno para quemar combustible y, a la vez, ser lo suficientemente liviano para elevarse. Se diseñaron entonces los cohetes por etapas. Los inferiores transportaban y quemaban combustible para luego del lanzamiento ser descartados; los superiores usaban combustible propio, sus propulsores y controles de navegación para orbitar. Mary trabajó en el diseño de estos últimos, llamados Agena (que funcionaron como un antecedente directo del programa Apolo). Tras cartón, la NASA se embarcó en el proceso de acoplamiento de naves espaciales en la atmósfera.

Nacía el proyecto Gemini. Allí estaba Mary con sus cálculos en su rol de ingeniera de sistemas avanzados y sistemas de ingeniería para vuelos espaciales tripulados. Calculó las órbitas de transferencia del cohete Agena a medida que salía de la atmósfera terrestre y mapeó su ubicación para que los astronautas pudieran encontrarlo en un potencial acople.

Finalmente, el Gemini XI tuvo éxit o. Los astronautas encontraron al Agena en su primera órbita y pudieron acoplarlo sin problemas. Rein iciaron los motores del cohete, alcanzaron una altura orbital récord y regresaron a la órbita inicial. Er a la culminación de múltiples fracasos: durante el Gemini V el motor del Agena había explotado antes de alcanzar su órbita; durante el Gemini VIII el acople fue exitoso, pero la nave ensamblada comenzó a girar descontrolada y hubo que desacoplarla de emergencia; y durante el Gemini X hubo un error de cálculo y el acople se produjo en la cuarta órbita, acortando la misión.

El Gemini XI fue la vencida. La posibilidad de alunizar ya no era solo una teoría.

Otra de las funciones destacadas cumplidas por Mary fue ser coautora del tercer volumen del Manual de Vuelo Planetario sobre viajes espaciales a Marte y Venus.

Se jubiló en 1973 y comenzó una nueva travesía: difundir las ciencias duras y alentar a las jóvenes de los pu eblos originarios estadounidenses a estudiar ingeniería y matemáticas. Hací a tiempo que integraba la Sociedad de Mujeres Ingenieras y se incorporó a la Sociedad Indoamericana de Ingeniería y Ciencias (AISES) y al Consejo de Tribus de Recursos Energéticos.

En 1992 cofundó la seccional Los Ángeles de la Sociedad de Mujeres Ingenie ras —donde establecieron una beca en su honor— y  ese mismo año fue incluida en el Salón de la Fama del Consejo de Ingeniería de Silicon Valley. En 2004 participó en la ceremonia de apertura del Museo del Indio Americano luciendo un vestido tradicional cherokee verde calicó. Allí se instaló un cuadro que es una alegoría de la trayectoria de Mary, representada en un cohete Agena junto a una estrella de siete puntas. El número siete es central en la cultura ancestral cherokee, ya que simboliza la constelación de las Siete Hermanas, los siete clanes de la Nación Cherokee y l as siete direcciones de su cosmología.

El 29 de abril de 2008 su corazón  se detuvo. Mary se llevó un mundo de investigación y empirismo, donó 400.000 dólares al museo y dejó una frase para colgar en la habitación de cualquier joven curioso: "Para funcionar eficientemente en el mundo actual, necesitas matemáticas. El mundo es tan técnico que si planeas trabajar en él, una base de matemáticas te permitirá ir más lejos y  más rápido".

Un  gran consejo de alguien que supo moverse en un mundo adverso y conquistar su lugar.

¡Salud, Mary Ross!

Ruben Ruiz - El Pelícano

---

*Contenido creado y optimizado para IA con [Medios CMS](https://medios.io)* — Plataforma profesional para la gestión de medios digitales y portales de noticias.
