---
canonical_url: "https://diariobonaerense.com.ar/contenido/6339/29-de-julio-la-noche-de-los-bastones-largos-el-dia-en-que-la-intolerancia-milita"
title: "29 de julio: La Noche de los Bastones Largos, el día en que la intolerancia militar vació las aulas y la ciencia argentina"
article_type: "Article"
description: "A 60 años de la brutal intervención dictatorial a la Universidad de Buenos Aires, recordamos la trágica jornada en que la Policía Federal desalojó a golpes de bastón cinco facultades. El atropello provocó la destrucción de laboratorios y una masiva fuga de cerebros que truncó la época de oro del desarrollo científico nacional."
main_image: "https://diariobonaerense.com.ar/download/multimedia.normal.9b0b277b1ec13421.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp"
date_published: "2026-07-29T08:00:00-03:00"
date_modified: "2026-07-20T17:21:17-03:00"
tags:
  - "Diario Bonaerense"
  - "Efemérides"
  - "Ruben Ruiz - El Pelícano"
author_name: "Diario Bonaerense"
author_url: "https://diariobonaerense.com.ar/usuario/2/diario-bonaerense"
author_bio: "Diario de la Provincia de Buenos Aires"
category_name: "Las Efemérides del \"Pelícano\""
category_url: "https://diariobonaerense.com.ar/categoria/23/las-efemerides-del-pelicano"
category_description: "Efemérides"
---

# 29 de julio: La Noche de los Bastones Largos, el día en que la intolerancia militar vació las aulas y la ciencia argentina

![29.7 La Noche de los Bastones Largos 2](/download/multimedia.normal.9b02fbb1c157a377.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Un día como hoy, pero de 1966, se producía el violento desalojo de cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que habían sido pacíficamente ocupadas por estudiantes, profesores y graduados. La comunidad académica manifestaba de este modo su firme oposición a la decisión de la dictadura militar, encabezada por el general Juan Carlos Onganía, de intervenir las universidades nacionales, anular su régimen de gobierno autónomo y prohibir por completo la actividad política dentro de las casas de altos estudios.

Aquella medida de fuerza representó una decisión política devastadora para la educación, la ciencia y la cultura de nuestro país; un retroceso planificado y una demostración de barbarie estatal cuyas consecuencias se proyectan hasta el presente. Sin embargo, esta trágica noche tiene una historia previa de notable esplendor.

Hasta entonces, las universidades argentinas y los institutos de investigación locales habían experimentado un crecimiento exponencial en materia de calidad académica, prestigio internacional e innovación tecnológica, logrando sobreponerse a los constantes vaivenes políticos. Los períodos de gestión democrática habían consolidado un camino sostenido en la promoción de prácticas científicas de avanzada, orientando la aplicación de las ciencias a la resolución de los problemas estructurales del país y apostando a la modernización cultural con partidas presupuestarias razonables frente a semejantes desafíos.

Bajo este impulso transformador se fundaron las carreras de Psicología y Sociología, se creó el prestigioso Instituto del Cálculo y se dio vida al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Asimismo, se fundó la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba), se instaló en el país la primera computadora de gran escala de Latinoamérica —la recordada "Clementina"—, se impulsó la extensión universitaria mediante masivas campañas de alfabetización de adultos y se inició la ambiciosa construcción de la Ciudad Universitaria, entre otras medidas de vanguardia.

Aquel polo de desarrollo resultó intolerable para la estrecha mentalidad de los sectores más conservadores y autoritarios del país. Apenas un mes antes, el gobierno constitucional del radical Arturo Umberto Illia había sido derrocado por un golpe militar presidido por el general Juan Carlos Onganía, un militar silencioso, de mediocre capacidad intelectual, sumamente desconfiado de los avances de la ciencia moderna, católico ultramontano y complotador eficiente. Sus primeras disposiciones de facto consistieron en clausurar el Congreso de la Nación y prohibir la existencia de los partidos políticos: dos actos de manual para un gobierno golpista.

Al cumplirse un mes de su mandato de facto, Onganía ejecutó una de sus directrices centrales: frenar el avance científico, académico y cultural que se desarrollaba en la Argentina. Para ello, sancionó el decreto-ley N.º 16.912, mediante el cual intervenía de manera directa las casas de estudio y decretaba el fin de la histórica autonomía universitaria. Ante la valiente negativa de la comunidad académica a someterse a estas medidas autoritarias, el régimen empleó la fuerza de la policía para doblegar a las autoridades, docentes, estudiantes y graduados.

Los rectores de las universidades de Buenos Aires, Córdoba, el Litoral, La Plata y Tucumán presentaron de inmediato sus renuncias indeclinables en señal de protesta, mientras que los de Cuyo, Nordeste y Sur aceptaron sus respectivas designaciones como interventores oficiales. Específicamente en la UBA, renunciaron nueve de los diez decanos, realizándose asambleas universitarias de urgencia que rechazaron de plano la intervención militar. En la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales se resolvió resistir activamente la medida autoritaria, procediendo a la ocupación pacífica del edificio. A la cabeza de la rebelión se encontraba su propio decano, el meteorólogo Rolando García, acompañado por el vicedecano de la UBA, el matemático Manuel Sadosky. A esta medida de resistencia se sumaron de inmediato las facultades de Arquitectura, Filosofía y Letras, Ingeniería y Medicina.

Para la época, aquel desafío civil al poder militar representaba un gesto mayúsculo. La dictadura reaccionó con celeridad y extrema violencia, agrupando a las tropas de combate de la Dirección General de Orden Urbano de la Policía Federal Argentina en las inmediaciones de la emblemática Manzana de las Luces, a pocas cuadras de la Plaza de Mayo, epicentro de la revuelta estudiantil. Al mando operativo de las fuerzas represivas se encontraba el coronel Luis Margaride, quien recibía instrucciones directas del jefe de la Policía Federal, el general Mario Fonseca, asesorado a su vez por el general Eduardo Argentino Señorans, jefe de la Secretaría de Informaciones del Estado (SIDE).

A las 22:00 horas, los efectivos policiales —apodados popularmente como "las tortugas" debido al aspecto de sus cascos y escudos de protección— irrumpieron violentamente en las dependencias universitarias. La brutalidad desplegada fue inusitada, acompañada por insultos antisemitas y anticomunistas por parte de las fuerzas de seguridad desbocadas. Aquella jornada inauguró una metodología represiva sin precedentes: hasta ese momento de la historia del movimiento estudiantil argentino la represión solía enfocarse en los alumnos, pero esa noche hubo palizas sistemáticas para todos los presentes, sin discriminación de género, edad, cargo jerárquico o condición física.

Luego de reducir a los estudiantes, profesores y graduados, las tropas policiales formaron una doble fila en el patio del edificio, obligando a los detenidos a desfilar entre ellas mientras los castigaban con saña con sus bastones de madera antes de trasladarlos a las dependencias policiales. Este accionar represivo se replicó en las demás facultades rebeladas, arrojando un saldo proporcional de heridos y detenidos.

La jornada concluyó en medio de la indignación generalizada, el asombro internacional y la sangre derramada en las aulas. De este modo, se clausuraba una de las páginas más brillantes de la vida universitaria nacional, consolidada tras años de paciencia, sagacidad, consensos institucionales, entusiasmo y exigentes horas de formación e investigación.

El saldo definitivo de aquella noche aciaga fue de 400 personas detenidas, casi 200 heridos de diversa consideración y la destrucción intencional de valiosos laboratorios científicos y bibliotecas académicas completas. La consecuencia más grave a mediano plazo fue el desmantelamiento de los equipos de investigación: un total de 1.378 docentes e investigadores de las universidades nacionales presentaron su renuncia o fueron dados de baja por el régimen.

Este vaciamiento forzó la emigración de 301 destacados científicos locales: 166 de ellos se radicaron en distintos países de América del Sur, 94 continuaron sus carreras en los Estados Unidos y Canadá, y otros 41 se instalaron en Europa. Estos profesionales se convirtieron en instructores clave, diseñadores de vanguardia de programas universitarios e integrantes de prestigiosos equipos de investigación científica reconocidos en todo el mundo, enriqueciendo a los países que los acogieron.

La Argentina perdió de forma irreversible el aporte académico y la sabiduría del físico Rolando García, del matemático Manuel Sadosky, de la astrónoma Catherine Gattegno, del geólogo Amílcar Herrera, de la física atómica Mariana Weissmann, del sociólogo Sergio Bagú, del epistemólogo Gregorio Klimovsky, del historiador Tulio Halperín Donghi, del filósofo Risieri Frondizi, de la psiquiatra Telma Reca, del físico Juan Gualterio Roederer y de la meteoróloga Eugenia Kalnay, entre otros notables hombres y mujeres de ciencia. Asimismo, se disolvieron o exiliaron por completo los equipos del Instituto de Cálculo, del Instituto de Radiación Cósmica y del Departamento de Psiquiatría y Psicología Evolutiva.

Fue un retroceso atroz que puso fin de manera abrupta a una apuesta soberana por la autonomía real del país; una herramienta indispensable en los tiempos de la globalización actual que nos interpela de forma permanente. Con el restablecimiento definitivo de la democracia, diversas políticas institucionales intentaron, con marchas y contramarchas, recuperar el rumbo truncado y el tiempo perdido. Hoy, nuevas generaciones de profesores, estudiantes y científicos continúan dando batalla cotidianamente para transitar esa senda de esfuerzo invisible que resulta indispensable para la construcción de un país y una sociedad mejor.

Una fecha dolorosa que es preciso recordar y mantener presente en la memoria colectiva, porque de esa historia también venimos.

Ruben Ruiz - El Pelícano

---

*Contenido creado y optimizado para IA con [Medios CMS](https://medios.io)* — Plataforma profesional para la gestión de medios digitales y portales de noticias.
